miércoles, abril 30, 2008

La abuela

Aparentemente estoy muy dispuesta a evadir la escritura obligada (y por cierto, impostergable) de la tesis. No es que no escriba del todo, pero en los últimos dos días una idea, una sensación, me ataca cada dos o tres líneas (no es que sobrevenga muy seguido, es que dos o tres líneas me toman muchísimo tiempo).

Recuerdo, primero, porque puedo y, después, porque quizá los síntomas del envejecimiento son contagiosos y entonces en esta casa hay epidemia de evocaciones. El caso es que traigo una memoria entre ceja y ceja. Es un gusto: tengo un sabor, una mezcla de sabores atorada en el antojo.

Es un asunto bastante ordinario, tan cotidiano como un desayuno. Son huevos revueltos con chorizo, ambos en un punto de cocción con el que no he vuelto a dar. Pero también son frijoles refritos de un color deslavado y una textura a medio camino entre el caldo y la masa. Y además es queso fresco y salado que unos dedos reparten sobre aquellos. Hay una salsa de jitomate y chile asados, cocida, humeante todavía, molida en molcajete, en la que aún se pueden sentir unos granos groseros de sal. Las tortillas van muy calientes, doradas pero flexibles, sin quemarse pero con un tenue sabor a humo. Y rociando todo, café negro, un tanto aguado.

El asunto es que no recuerdo bien dónde he comido un desayuno así, tal cual. Y eso me molesta. Es decir, he vuelto a desayunar (incluso comer o cenar) huevos con chorizo, frijoles, queso, salsa, tortillas y café regular, pero nunca más así. Y es una joda. Porque se me antoja muchísimo. Pero tiene que ser todo idéntico porque lo que recuerdo con más claridad no es precisamente el sabor de cada guiso sino la combinación de todo. Más aún, lo que recuerdo no es el sabor de un bocado en la boca, sino el gusto que deja al pasarlo con café para que el picor de la salsa se aliviane.

La sensación, el gusto, es viejo, de muy, muy niña, menos de cinco tal vez. Y cuando una era así vagaba por varias casas y desayunaba en algunas de ellas. Pero en pocas, muy pocas, le acercaban a una la salsa de a de veras y el café negro.

En todavía menos lugares había tantas mujeres como las que recuerdo, algunas fumando mientras el resto desayunábamos (no es queja sino posible explicación de mis vicios), todas siempre en la cocina, por donde los pocos hombres que había sólo pasaban a despedirse para ir a nunca supe dónde.

Pero sólo en una casa había una boca de labios muy delgados y piel amoratada que parecía muy delicada, con una lengua sospechosamente rosada y dientes pequeños, capaces de morder su tortilla por trozos diminutos como para hacer que le durara siempre. Luego, cuando ya todas habíamos terminado el desayuno, el café se renovaba (el mío incluido) y los dedos de esa boca recogían en una servilleta las infaltables migajas del mantel, presionando precisa y suavemente sobre ellas, una por una, como para hacer que duraran siempre.

El resto de las mujeres hablaba y fumaba y hablaba más. No sé porqué yo seguía ahí. Quizá para seguir viendo los dedos silenciosos que me hipnotizaban y la boca que nunca dejaba de sonreírme.

Sólo en una casa yo era tan parecida a los demás.

Tanto como para no volver cuando crecí. Tanto como para que ahora sufra antojos.

Tal vez sí fue ahí. Y entonces sí ya no hay remedio.

martes, abril 29, 2008

Mis en scène

Colmo [verídico] de la dramaturgia social:


Ensayar los diálogos internos

martes, abril 22, 2008

Voy llegando, lenta pero certeramente [la frase podría terminar aquí y ser ciertísima, pero he de seguir] a una conclusión que me parece importante entender:

la madurez emocional es un estado de indiferencia selectiva

La imagen que la madurez me provoca es más de vacío que de equilibrio, más de nada que de suficiente. Más mirada y menos sonido.

Está incompleto pero es algo así.

Me gustaría aspirar a algo así.

martes, abril 15, 2008

Señas particulares:

* espíritu misceláneo

jueves, abril 10, 2008

La extorsión del día

Hoy tocó que llamaran para avisar que tienen a mi "unidad" cautiva.

Así es, secuestraron mi auto.

Como cuando secuestraron a mi hijo de veintitantos años.

A lo mejor si entrego una módica lanita me hago de un carro, aunque sea "de segunda".

Un hijo de segunda la verdad no me interesa.

martes, abril 08, 2008

Y que contesto.

- ¿Paloma?
- Ajá, ¿quién habla?
- Ddofneughwpu
- Perdón, no… no escucho bien, ¿quién llama?
- Dwofnwgouwbp

[Nota mental: suena como hombre borracho]

- …
- Fhwiofhoi llamo owhfwuofh anuncio internet jajaja oiahei

[Otra nota mental: puta madre… está re pasado, ¿quién carajos es?]

- No entiendo, ¿cuál anuncio?
- Weoihruqe uuuhhh vi un anun...
- No sé cómo conseguiste mi número ni de qué anuncio hablas.
- Ok burbqpue mala broma haofihr

Qué raro, me digo. Sigo en lo mío que en ese momento era averiguar si ya había llegado el agua a la casa (salió desde anoche sin avisar y en la mañana aún no había llegado).

Y que suena otra vez. Número diferente.
Y que contesto de nuevo.

- Hola, ¿cómo estás?
- ¿Quién habla?
- Marco, llamo por tu anuncio

[Nueva nota mental: …]

- ¿Qué anuncio?
- El de vivastreet…
- No sé de qué anuncio estás hablando.
- ¿Sí eres Paloma?
- Sí soy, es la segunda vez que me llaman con eso. No sé de qué hablan.
- Ah… ok.
- …
- …
- ¿Me puedes explicar?
- Ah sí… hay un anuncio en vivastreetpuntocom diciendo que buscas pareja y que…
- ¿En dónde?, ¿lo puedes deletrear?
- Sí, viva… como en fiesta (¿?) y street de calle
- Ajá, ¿y qué más?
- Pues viene una foto tuya y tu teléfono y tus direcciones de correo
- No me digas… Pues es una muy, muy mala broma. Yo no he puesto ningún anuncio.
- Ah qué caray… pues, disculpas… Te van a seguir llamando, eh… por si quieres checar qué onda con eso.
- Qué amable.

En efecto, siguieron llamando. También mandaron un mensaje preguntando si era cierto “lo del anuncio”. Cuando lo leí me cayó el veinte de que era probable que el anuncio no sólo decía que yo “buscaba pareja”, otra alma sensible y solitaria para pasar mis días, sino que seguramente decía cosas que, por lo menos al amigo del mensaje, le parecían “sospechosas”, difíciles de creer así nomás.

Y pues… ¡cómo no! Cuando localicé el mentado anuncio, apareció un rubia despampanante en bikini, posando sonriente en una playa, toda dorada ella, toda aceitosa y sonriente. El sugerente “pie de foto”, además de varios datos personales, señalaba al amable e ilusionado lector (con múltiples faltas ortográficas y una capacidad admirable para generar imágenes muy explícitas) que yo tenía novio, pero derivaba una profunda satisfacción involucrándome en otro tipo de “relaciones” con más personas.

Que me gustaba así y asá, por allá y acullá. Que estaba haciendo una maestría –dato fundamental en estos menesteres: da muchos puntos-; que era yo una chica sin tapujos y con una amplia gama de intereses variopintos, desde la lectura hasta la buena bebida, pasando por viajes, músicas, amistades y demás.

Era yo una auténtica sibarita, una bonne vivante (bien bonne, por cierto) deseosa de compartir mis múltiples aficiones con alguien que no buscara nada más que una compañía grata y gratis.

“Mira tú”, me decía yo, “si soy una tipaza”. Corrí a contárselo a quien más confianza le tengo. Le causaba gracia, mucha. A mí no tanta, porque uno cree que tiene que aparentar que está ofendido ante tamaño atrevimiento, pero después de dos o tres o cuatro respiraciones profundas y varias llamadas más que fueron desviadas, concedí que era una puntada digna de mucha gente que para bien o para mal conozco. Y que eso sólo merecía que arqueara las cejas apenas un poco y agradeciera la cercanía de un final más en mi vida.

Después estuvo todavía mejor. Llamaban a todas horas y desde varios estados de la república (creo que incluso vi una llamada de otro país), proponían cosas interesantísimas y sus mensajes de texto eran sumamente estimulantes ¡Éxito total! La verdad no pude contestarles a todos –como me habría gustado hacerlo- porque tuve que realizar diversas actividades que me mantenían con el celular apagado. Afortunadamente ellos, precavidos como hay que ser en estos negocios, dejaron mensajes de voz en mi buzón en los que se mostraron muy intensos e interesantes. He de reconocer que uno que otro sólo dejaba su nombre y teléfono, ¿cómo pretendían conquistarme así nomás? ¡¿Qué no veían lo que se estaban jugando?! Había que hacer un esfuerzo, carajo; de veras que todo lo quieren fácil.

Algunos lograron enternecerme con su insistencia. Por ejemplo, mi amigo del ******4586, al ver que no le respondía sus mensajes, me escribió así:

“Nada más t pido una oportunidad”

Caray, ¡cómo negarse! Tuve que responderle y aclararle el entuerto. Al principio lo tomó muy mal, estaba muy confundido y me dijo:

“Pues de lo que t perdiste”

Y siguió:

“Pues para ti sera broma pero d ahí me han salido unas viejas muy buenas y asta trios y deja d hacer tus bromitas que ya estas bastante grande”

Tenía toda la razón, pero después lo comprendió todo sin necesidad de que yo dijera más:

“Deberias d mandarlo directito a la chingada y disculpame pense k fuiste tu y deja decirte que no se que haces con el a de tener en su cerebro pura basura”.

No supe bien a qué se refería, pero su misiva me dio pie para pensar que suponía que mi novio, al que de acuerdo con el anuncio me fascinaba engañar, había hecho la broma:

“Disculpame. Pero muy aparte d todo que bonita eres y dile al tonto que retire tu anuncio porque t seguiran molestando otras personas. ADIOS”

Y se fue. (Pero, ¿se fijaron que me dijo que era yo muy bonita?)

Mi Messenger se saturó de invitaciones para agregar a personas con los nicknames más sugerentes, como “hot_sex” o “don’t say that you love if you don’t mean it”. A mi correo llegaron propuestas hasta de una que otra chica que pensaba que “ella tenía lo que yo andaba buscando”, lo cual sugería que yo andaba medio perdida buscando a “un hombre que me coja rico”, título del anuncio en cuestión. Su invitación definitivamente amplió mi espectro de posibilidades.

Cuando caí en la cuenta de que era incorrecto permitir que la gente gastara tiempo y dinero con expectativas falsas, decidí dejar un comentario en el anuncio de marras que aclarara el malentendido:

"A la distinguida clientela:
Este anuncio es falsísimo. Ya no gasten su tiempo ni su crédito.
Es una broma que nos gastó alguien con mucho tiempo libre, mala ortografía y, obviamente, unas ganas atoradas impresionantes.
Ha sido muy divertido; he conocido gente interesantísima y con propuestas muy novedosas, pero ya me dio pena con ustedes.
Gracias por participar."

No me dejaron publicar un anuncio tan largo, así que nomás quedó en:

"A la distinguida clientela:
Este anuncio es falsísimo. Ya no gasten su tiempo ni su crédito.”

Ash. Los voy a extrañar.

Ahora bien, mientras todo esto transcurría, una reflexión paralela acompañaba mi fascinación: estaba yo involucrada –en una posición por demás ventajosa, pues era el objeto del deseo- en un proceso social sumamente interesante. Sin que antes dudara de la existencia de estos mecanismos, me asombró su legitimidad como medios efectivos para establecer contacto con otras personas para fines muy precisos. Lo que a mí me parecía más que inverosímil (una rubia esplendorosa, generosísima, bien dispuesta y por demás divertida) a toda la gente que llamó y escribió le pareció perfectamente real y posible.

Como mi amigo del ******4586 señalaba, estos arreglos son exitosos, ocurren de formas variadas que contrastan radicalmente con el comportamiento sexual promedio de la sociedad mexicana reflejado en diversos estudios. Por supuesto, no puedo ni siquiera sugerir que quienes se interesan por estos asuntos orgiásticos y mágico-cómico-musicales sean mayoría, pero definitivamente existe un mercado sexual particular que quienes tienen este tipo de preferencias toman muy en serio (de ahí la indignación de algunos al ser informados de que se trataba de una broma).

El primer approach, la llamada, es incluso cordial, amable. Claro que no faltan los mensajes explícitos y precipitados, pero en general los primeros abordajes son casi ejecutivos. Mi público lo conformaban, sobre todo, hombres treintañeros, bien articulados, puntuales sin ser agresivos, con un lenguaje cauteloso, muy respetuoso a pesar de que yo había demostrado ser una guarraza fuera de serie.

Cuando se aclaraban las cosas, los desilusionados pretendientes de mi hermosísima fugacidad se mostraban incluso empáticos, capaces de compartir mi indignación por una broma que uno de ellos tuvo a bien adjetivar como ruin y carente de escrúpulos. De alguna manera suponían que lo para ellos era un forma de placer, para alguien que no lo buscaba era algo ofensivo.

Muy interesante, pues.

¿Que por qué me pasa a mí? Eso podría ser material para otro post, pero después de pensarlo un poco descubro que no me interesa. Si es producto de estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado y con las personas equivocadas, ps… cuánta equivocación de mi parte. Y ya.

Y bueno, visiten vivastreet.com, que sí funciona y funciona muy bien.

Actualización: después de que dejé mi nota aclaratoria el anuncio fue retirado. Chale, qué poco aguante.