viernes, agosto 31, 2007

Yo sabía que encontrarse o ser encontrado por una catarina de ésas rojas con puntitos negros implicaba buena suerte (obviamente para uno; dudo que la catarinucha derivara cualquier tipo de fortuna a partir de la cercanía con algo que, desde su perspectiva, debe ser parecido a un gigante monstruoso).

Pero de esto sí no sé qué esperar.

Quizás sólo fue un recordatorio (innecesario) de la imperfección humana.

jueves, agosto 30, 2007


People are just people... at least most of the time

martes, agosto 28, 2007

Ok

lunes, agosto 27, 2007

No sé si sea madurar o sólo envejecer. Pero está cabrón levantarse un día, repasar los espacios y las cosas con la mirada, recordar una fantasía que alguna vez fue plena, compararla con los hechos, ver que se acercan y, por alguna maldita razón, no quitar la mirada de los vacíos, de las inconsistencias, de la distorsión.

Grosso modo
, mal que bien, bien que mal, la vas haciendo. A veces ni siquiera es gracias a ti, pero el resultado es más o menos el mismo. Generalmente en las fantasías uno se imagina los qués pero no los cómos. Pensar en las formas para llegar a algo (o alguien) enreda demasiado la madeja y nos aleja de lo que merece permanecer en un estado deliciosamente guajiro.

Pero tú insististe en no ser sorpendida. Trazaste la ruta y, aunque con atajos y distracciones de naturaleza y calidad variable, vas sobre ella. El plan va marchando, a veces contra ti misma. Te maravilla concretar aunque te angustia decidir. Te engolosinas observando los mentados procesos en actitud de disección, tanto que se te pierde el propósito o lo desgastas y manoseas al punto de volverlo trivial. Te consuela pensar que el vacío que sientes ahora no es ausencia de fondo sino exceso de forma. Pero la verdad es que te perdiste.

Y no. No es una vitalidad insaciable la que te lleva a desesperarte. La inconformidad tiene poco que ver aquí. No es la inquietud motora de toda nueva aventura. Es no tener idea de lo que quieres, no ser responsable de lo que querías.

Qué puta ironía estar tan cerca de la vida que imaginabas y ya no reconocerla.

viernes, agosto 24, 2007

Berrinche con delay


El asunto pasó hace un par de días. Hasta hoy, medio de repente, así como a quien le cae el veinte mientras lava los trastes o abrevia el capítulo de un libro, entendí que de verdad me molestó el detalle. "Ah chinga...", me dije.

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Y ahora, como quien todo lo comprende cuando lo escribe en un post, descubro que no es molestia: me dolió.


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Estoy enojada.


Ah no... triste.

miércoles, agosto 22, 2007

Lo que nos tocó de Dean


No ha dejado de llover por más de siete horas. Es un chipi chipi constante y apenas sonoro que me tiene con un pie afuera y otro adentro de la casa: salgo, no salgo, salgo, no salgo, no salgo, no salgo, ¡quiero salir!









He tenido el privilegio de ver la lluvia caer insensata e incesantemente durante todo este tiempo porque no logro terminar el puto articulito este, que me arrepiento de putear casi en cuanto termino de decirlo porque, aunque no me sorprendería nada que me lo echaran para atrás, si finalmente deciden hacerlo me va a alcanzar a pegar en mi vapuleado y agüevonado ego.







Estoy trabada, preocupada por mi vocación desmotivada, desprovista de toda luz solar que me alimente, con el Ajusco perdido bajo la neblina. La ciudad humeando frío y yo con un ojo casi de fuera por el méndigo monitor.

Hoy ni Salinas Pliego pasó por aquí.

Ay...








martes, agosto 21, 2007

Ella

A H.H. y los trapos de cocina
Se llamará Pandora.

Tendrá lo mejor del cielo y el infierno. Le regalaremos una caja como juguete. La observaremos jugar con ella escondidos detrás de la puerta. Desde entonces seremos lo de menos.

No vendrá a destruir al mundo, tampoco a salvarlo. Por si las dudas, acudiremos siempre a ella en busca de consejo. Seremos suyos, hasta que lo permita.

Tendrá fresas en los labios diminutos y las manos siempre abiertas y olorosas. Un cabello que no imagino todavía pero que el viento ya conoce.

Estará hecha de mucho silencio, de mucha paciencia. Dudaremos que sea nuestra. Nos habrá sido dada.

Siendo pequeña tendrá una mirada que parecerán dos: la de ahora y la de mañana. Desde su futuro nos preguntará porqué hicimos lo que hacemos ahora. No sabremos responder.

Volverá a su habitación, a patear suavemente la cajita. Guardará tanto silencio que preguntaremos -Pandora... ¿qué andas haciendo?


lunes, agosto 20, 2007

Como siempre, el Sr. Salinas Pliego aterriza puntual sobre su emporio.
Nosotros, vecinos privilegiados del consorcio, somos fieles y cotidianos testigos de su sentido de la responsabilidad y de la habilidad de su piloto para volar bajito, bajito, haciendo temblar todo a su paso. Bendito Dios que llegó antes de que comenzara la tormenta...

Definitivamente, el espacio aéreo es de quien lo trabaja. Por eso el resto de los mexicanos no progresamos, por pedestres.

domingo, agosto 19, 2007

Vistas desde la cama

Cuando me dormí...


Cuando me desperté...


Después de la calma, siempre viene la tormenta. Y al revés.

Y así.

jueves, agosto 16, 2007

Más para la adicción



Y porque usted lo pidió (y porque yo nomás no puedo concentrarme en lo que tengo que hacer....)

vuelve....



¡¡¡¡¡ BOOMSHINE !!!!


¡¡¡¡ Que comience la tronadera !!!

Actualización del aviso

Ya me desobsesioné.






(Una menos...)

martes, agosto 14, 2007

Aviso

Nueva obsesión al final de la página



(de nuevo tomada de Zanella. Que conste que él sólo sugiere. La que se obsesiona es una)

Dejar huella

Entonces... estaba yo tomando mi sesión diaria de caricaturas en Once Niños cuando los presentadores de la barra infantil del canal comenzaron a machacar con el asunto de la "huella ecológica". Mi curiosidad llegó al tope entre Charlie y Lola y Tikitiklip.

La idea es, básicamente, que todo lo que nosotros consumimos tienen un precio que pagamos para obtenerlo, pero además tiene un costo para el planeta. Es decir, cuando uno va al súper no paga sólo por el manojo de cilantro sino también por el cultivo, la recolección, la transportación, etc., lo cual puede parecer apenas justo en términos de precio; pero si hablamos de costos, el planeta estaría pagando no sólo el manojito pa'l caldo sino también la tirita de plástico con la que lo amarran, la bolsa transparente de plástico en la que lo metemos y, además, la bolsota de más plástico en la que el cerillito lo guarda, para que de ahí tomemos un taxi que no costará sólo lo que marque el taxímetro, sino también la contaminación que produzcan los combustibles del súper a la casa.

En este tenor, la recomendación era que uno extremara precauciones hasta donde pudiese, bajo la advertencia de que, hágase lo que se hiciese, dejar una huella indelebele y letal en el planeta era casi inevitable. El asunto es sólo minimizarla al máximo, así de paradójicamente complicado.

Eso de hacer conciencia está muy bueno, decía yo para cuando empezó El Diván de Valentina. Pero no podia evitar pensar en que el auditorio "objetivo" de este show son niños -no una cuasi treintañera como yo- y que estos son altamente impresionables y tienden con facilidad al fatalismo. No es que yo sea partidaria de disfrazarles las cosas, pero me parece que si les dices "si vives en una ciudad como el DF contribuyes diariamente con un 7.2 por ciento al deterioro del planeta" o "la solución es que las ciudades sean verticales: que en el piso 9 estén las escuelas, en el 13 los trabajos, en el 7 los supermercados, en el 11 las viviendas, en el 5 los hospitales", como fue a decir un experto muy experto en el tema, pues en realidad uno abona al pánico ecológico de una manera muy poco constructiva y más bien estresante para los mocositos, considerando que sus decisiones están supeditadas a un montón de tutores generalmente ignorantes y duros de roer. No se les ofrecían mayores opciones; todo lo que hacían ellos, sus familias, sus profes, sus vecinos, de alguna manera u otra estaba mal. ¿Cómo le van a hacer para que en el súper no les den más bolsas de plástico para empacar las cosas? ¿Cómo le hará un niño de Iztapalapa cuya escuela está a cuarenta minutos de camino para decirle a su papá que no lo lleve a las clases en el pecero porque contamina mucho en cada parada?

Digo, a mí tampoco me queda muy claro cómo hacerle. Por lo pronto me han hecho sentir terriblemente mal por el único aparato con pilas que poseo: mi mousito inalámbrico. Justo hoy se las tuve que cambiar y me acogió un sobresalto particular cuando me di cuenta de que no tenía ni idea de qué hacer con las pilas inservibles y acababa de escuchar que tardan 400 años en destruirse. Me lleva...

En ese rush de medir mi "capacidad destructiva", por pura curiosidad me di a la tarea de llenar un quiz (como que ando en ese ánimo de rapidines) que "calcula" la huella ecológica que todos dejaremos detrás.

Según esta cosa (medio mal hecha y arbitraria para mi gusto), para que todo el mundo pudiera llevar el estilo de vida que yo llevo se necestarían 1.6 planetas Tierra que nos aguantaran. No está del todo mal; a María, la del canal 11, le dijeron que necesitaba 3.2 planetitas para sobevivir, con todo y lo "verde" que se las da de ser. Bueno, a lo mejor es porque ella viaja más en avión y tiene carro, lo cual provoca no que la condene sino que la envidie.
Ahora la cosa es ver de dónde van a sacar el la fracción de planeta que les corresponde. Yo pido primis con éste, jojo!

Calcula cuántos planetas ocupas (a la jalisquilla). Les recomiendo hacerlo en inglés porque la traducción al español está medio macuarra.

domingo, agosto 12, 2007

Adiccionómetros: porque todo (sí, dije TODO) puede ser medido.

Ya sospechaba yo que lo mío no era para tanto. A ver tú?

65%



How Addicted to Blogging Are You?

En cambio...


No lo voy a negar (sobre todo porque dicen que es el primer síntoma de la adicción). Es más, a manera de evidencia dejo estas escenas domingueras de una adicción compartida.


(Sí, una de las fotos es en un Starbucks, pero que conste que estaba tomando un chai frappé y no de su café-yanqui-imperialista-gohome).

viernes, agosto 10, 2007

No porque lo diga Julio Hernández (lo único que me gusta de él es su corte (¿?) de pelo; generalmente no comparto su izquierdismo amarillo -no por el PRD, pero también- y sensacionalista), sino porque su argumento me da el maravilloso pretexto para decir algo que me encanta: ¡SE LOS DIJE! (apenas en el post anterior)

Astillas


"El encargado eclesial de la gubernatura de Jalisco, Emilio González Márquez, quiere ser presidente de México y está en abierta campaña para colocarse como la alternativa de la ultraderecha para 2012. Las escandalosas declaraciones sobre el condón, que han sido conocidas a nivel nacional, no son sino una parte del diario anecdotario de quien ejerce el poder en nombre de la corriente conservadora que preside el cardenal Juan Sandoval Iñiguez. El temprano posicionamiento electorero de González Márquez cuenta con un adversario coterráneo, Francisco Ramírez Acuña, cuyo grupo político obstruye cuanto puede los planes del precandidato e-Goma. En ese pleito de derechas desbordadas pueden encontrarse claves para entender declaraciones como la de ayer, cuando el virtual gobernador jalisciense, el cardenal Sandoval, dijo con toda calma que los sacerdotes tienen derechos, pero también obligaciones, por lo cual quienes cometan abusos sexuales deben ser castigados por las leyes terrenas. Norberto Rivera ha contado con la protección de Bucareli, y a Sandoval le urge desplazar políticamente a un purpurado sujeto a indagaciones judiciales extranjeras para asentarse como “jefe moral” del catolicismo mexicano y, de paso, dar un llegue al secretario de Gobernación y fortalecer a Emilio González Yunque…"


Tomado de la sección Astillero del diario La Jornada, edición del 10 de agosto de 2007.


La verdad dudo que llegue a ser presidente; en cambio tiemblo ante las posibilidades de FRA. Pero la idea importante aquí es, para mí, lo envalentonadas que se muestran estas "personalidades", no sólo por la naturaleza aún dedocrática y clientelar del sistema político mexicano, sino porque olfatean serias oportunidades de respaldo popular a sus iniciativas rancias y moralinas. Ellos me provocan náuseas; nosotros, pavor...

jueves, agosto 09, 2007

Ay Jalisco...


¡Por piedad! ¡Que alguien le ponga un bozal al imbécil de Emilio!
Qué vergüenza, qué asco y qué profunda tristeza. Sin duda, Jalisco sigue teniendo los gobernantes que se merece. Y de ahí, a la Secretaría de Gobernación, ¿no?

http://www.jornada.unam.mx/2007/08/09/index.php?section=estados&article=031n1est

Aplauso de pie para el maestro Falcón. Esperemos que su osadía no traiga consecuencias nefastas en estos tiempos de oscuridad retrógrada.

miércoles, agosto 08, 2007

Sonsoneando



Lo digo aunque sea mentira,
lo juro aunque sea pecado


Anoche te vi pasar
Por la esquina de mi sueño
Y me pareció pequeño
El mundo para soñar




Si ayer penaba por verte,
Hoy peno porque te vi

A remar, a remar marinero,
Que aquel que no rema
No gana dinero


Al igual que el arrecife,
No me retira tu oleaje



Un cuerpo se aleja triste
Rumbo a las olas del mar,
Un pescador lo desviste
Otro lo mira pasar






El amor es un desmayo
Que viene con el placer






Con tanta luz en la voz
Llamas desde el astillero
Saberte ajeno es atroz
Desde temprano me muero


Hubo un tiempo en que hubo
Y luego ya no hubo más



Te vaya bien o mal
El chuchumbé te ha de alcanzar





Sé que el chile y el amor,
los dos pueden hacer daño.
Sé que el chile porque pica
y el amor por el engaño






La María Terolerolé





Chupa, chupa, chupa
Rechupa, chupa
Y no saco nada


Sólo una cosa te encargo
Que no seas engrandecida
Que las frutas en el árbol
No duran toda la vida

A una niña su rosal
Ya se le andaba secando
Ayer se lo fui a regar
Hoy le amaneció floreando
Lloro de felicidad
De verlo
colorareando




Ahora sí, china del alma,
ya se te acabó el recreo
de cortar los chiles verdes
cuando están en su floreo
Tengo sin sueño la vida
y el espíritu vacío

domingo, agosto 05, 2007

Soñé (¿?)

Me presentó como la lideresa de la Secta de los Adoradores Indecisos.

Estábamos en un salón de dimensiones medianas, colores vivos en las paredes, muy poco ruido para tanta gente. Parecía una exposición de algo, no sé qué, en la que nos encontrábamos con supuestos conocidos suyos. Yo iba como acompañante y sintiéndome un tanto fuera de lugar, sensación que hasta cierto punto me resultaba necesaria para sentirme cómoda.

[La atmósfera era buenaondera, cool, open; lots of gente guapa e inteligente, alter, de ésa que viste sus cuerpos afanosa y bellamente maltratados de manera extraña pero linda (entre Zara, Bershka y El Baratillo) y más de una vez despierta sin saber en dónde está, lo cual resulta fascinante por cotidiano y al revés. Beben mucho, queman mucho, aguantan más. Cogen chido y harto con muchas personas distintas y tienen una gran necesidad de contarlo. Usan lentes de pasta gruesa y su cabello se presta para todo. Tienen muchos muchos amigos, todos del alma y para siempre. Lo suyo es la intelectualidad, las cantinas tradicionales, Tori Amos, las ciencias sociales, Fadanelli, las humanidades, el arrabal -resignificado en gran medida por ellos-, el tequila, Chavela Vargas, Saramago y "la fusión". Entienden perfecto a David Lynch, recitan Cortázar para toda ocasión y buscan posgrados en Europa, Barcelona si se puede. Tienden a la poesía en prosa y a vivir del lado kitch de la urbanidad. Les gusta "la causa" y están dispuestos a todo por ella. Se especializan en relaciones fugaces pero intensas, con elevada tendencia al desastre, lo cual las vuelve aún más sublimes. Tienen experiencia con algunas drogas y proyectos culturales. Pasan de uno como si fuese nada y son dueños de toda mi ambivalencia, envidia y sospecha].

De mi cuello colgaba una cámara fotográfica. En la palma de una mano tenía dos tragos diferentes, uno verde y otro azul, ambos míos; en la otra mano sostenía un cigarro y unas llaves. Mi apariencia no tenía un estilo definido; en todo caso, claramente desencajaba con la atmósfera trendy del lugar, donde todos parecían estar muy a tono en el esmero por parecer uniforme y espontáneamente descuidados. Eso, espontáneos... "Instantáneos", corregía yo mentalmente cada vez que alguien hacía alusión a la frescura y honestidad del perfil promedio de los congregados. Y lo mío no era una observación peyorativa, de verdad que no. Yo misma habría querido ser instantánea en ese momento para haber pasado de una buena vez y ya estar en otra cosa.

Parecía distante, en ese estado de dolorosa indefensión que de algún modo siempre logro transmitir como indiferencia y arrogancia. Si no me avergonzara tanto de mí, esto me parecería una habilidad poderosa, encomiable. Apenas balbuceaba dos tres cosas; era incapaz de responder si lo que veía me gustaba o no. Un hombre de blanco pasó con una charola de canapés y agregué dos a la mano que sostenía el cigarrillo. No comía nada, no bebía nada y el cigarro se consumía solo entre dos dedos amarillentos. Únicamente quería llenarme de objetos que justificaran mi presencia en el lugar.

-Es ella, la de los Adoradores Indecisos- decía él a un grupo de personas que inmediatamente me rodearon. Sonreía extraño. Seguro mi imagen indefinida correspondía con lo que esperaban ver: más bien desaliñada, con rasgos de un estilo que no terminaba de concretarse y comenzaba a ser otro. Tenía la mirada un poco perdida y, de tanto en tanto, hacía pausas prolongadas mientras hablaba, como eligiendo entre un argumento y el resto, midiendo las últimas consecuencias que implicaba decir una cosa y no la otra. Resultaba aún más extraño, entonces, que siempre terminara por decir lo menos adecuado.

-¿Cómo surgieron?- dijo una

- Pues hay varias versiones...- respondí.

-¿Cuáles son sus influencias?

-Todavía no lo sabemos-

-¿Y exactamente qué es lo que adoran?- preguntó algún despistado insolente, tal vez líder de su propia secta

-Pues mira, exactamente no lo sabemos, ni siquiera aproximadamente. La verdad que no tengo idea, las opciones son incontables.

Cejas arqueadas, bocas torcidas, miradas suspicaces, mmm's prolongados. No convencía a nadie. En el mundo de la "espontaneidad" lo que importaba era el arrojo para tomar una decisión, la que fuera. En esa medida, dada nuestra incapacidad para elegir (por lo menos en plazos razonables), nuestro movimiento se devaluaba a la velocidad de la calumnia. Él no me defendía; me exhibió ante un grupo desconfiado y dio un paso atrás, desde donde podía disfrutar mejor la escena.

Había que explicar que no éramos una runfla cualquiera de diletantes. El matiz, que a muchos podría parecer sutil, para nosotros hacía toda la diferencia. Un diletante termina por entregarse, una y otra vez, a sus antojos variopintos, desapareciendo de la escena en cuanto el placer comienza a desvanecerse y nace una nueva comezón. No es que deban elegir entre actuar o no; su problema es que no saben negarse, su vida es un sí constante que los obliga a tener un ánimo de veleta. No terminan nada pero lo empiezan todo.

Nosotros no. A diferencia de aquellos, cultivábamos algo hacia lo que la diletancia no parece tener ningún respeto: el miedo. En general, nos gustaba más llamarlo prudencia, vital para no precipitarnos y tomar decisiones incorrectas (porque además teníamos un alto sentido de la correctitud). Se trataba de un asunto de juicio, un acto de congruencia. Por eso no empezábamos nunca nada, para no ser inconsecuentes por una mala decisión.

Nuestra incapacidad para definirnos no respondía, de ninguna manera, a una suerte de abulia o desdén. Al contrario. Todo nos merecía el más alto respeto y admiración, de ahí nuestra naturaleza adoradora. Nuestra estima por todo era inconmensurable, igual que nuestra necesidad por abrazar algún propósito fundamental de trascendencia inusitada. Era todo lo que pedíamos, un objetivo total en la vida. Pero éramos incapaces de desdeñar uno con respecto a otro, no éramos nadie para ejercer ningún tipo de desprecio. La vida nos sobrecogía con apenas insinuaciones de sus maravillas y, por quererlas todas, no teníamos ni una. Nuestra humildad y capacidad de asombro eran, al final, motivo de honra y tragedia.

Para cuando pude decidir las ideas y las palabras, la multitud se había dispersado. Alguien, quizá compadeciéndose del dilema en el que seguro me encontraría, se llevó una de mis bebidas. Él seguía detrás. Sonreía extraño.