sábado, junio 30, 2007

Repentina

Lluvia instantánea

son las 4am. me acosté a las 9, me dormí a las 10. desde entonces me he estado despertando casi cada dos horas y me toma más de 15 minutos volver a dormir. tengo un leve ardor en la boca del estómago y un nudo inmenso me recorre desde el cuello hasta las nalgas. no puedo abrir bien los ojos, los párpados están hinchados. en fin, toda la maquinaria del miedo puesta a andar. toda mi energía en esto, toda mi imaginación, todo mi entendimiento puesto en creer una mentira.
m. no está. a pesar del reducido tamaño de la cama y mis constantes contorsiones, su lado permanece intacto. luego el vacío es plano. yo insisto en que hemos de ser magos para hacer tanto abismo en un espacio tan pequeño.
quiero dejar ir. acabo de ver el blog de arreola. me parece un tipo tan sereno, generoso y entrañable. qué dará eso? el arte, la convicción, el amor? marion, su mujer, aparece en casi todo, casi todo el tiempo. algo así... algo así. no hay hijos, hay perros. los rescatan y los colocan con familias nuevas. los suyos murieron hace un tiempo, de viejos. también los habían rescatado. uno de ellos era un basset que, nunca supe bien porqué, utilizaba una suerte de silla de ruedas. ella tiene un restaurante. la imagino hermosa, apacible, de silencios inspiradores. algo así.
creo que me voy a enfermar. hoy la lluvia me atrapó y me detuvo media hora bajo un toldo. el bombardeo de gotas en el suelo salpicaba mis tennis de tela y así tuve que permanecer unas dos o tres horas, con zapatos, calcetas y pies helados. perdí mi paraguas. me sentía tan boba bajo el agua, tan triste. tan boba por sentirme tan triste y al revés.
y si hago como si no pasara nada? si paso de esto y ya? si me levanto mañana con la página del otro lado? no menos ignorante, pero por lo menos más tranquila. descanasada no, porque esta noche sencillamente eso ha sido imposible. ya había logrado sentirme distinta; no encima, pero si a una buena distancia de estas trampitas. segura de que se desarrollaba un sentido de pertenencia claro, una feliz y diáfana certeza de futuro. comenzaba el momento de hacer planes rotundos. por lo menos para mí, pues. el tiempo no pasaba así nomás, y yo comenzaba a fantasear con el que me parecía el siguiente paso. no quisiera retroceder.
son las 4:30 y el vecino acaba de llegar. el ruido de las llaves me hizo suponer dinstinto, pero la puerta se abrió en otra parte. de tanta luz artificial la ciudad se ve radiante. el cielo, más despejado por las lluvias y la hora, refleja todo el lucerío. alguna vez volé por el df de noche. era impresionante, radiactivo.
no tengo sueño.

jueves, junio 28, 2007


De noche todo vuelve
El ataque es animal
(que yo no vuelva, por favor, que yo no vuelva)
Me necesito lejos
Me quiero alejada de mí
P.

viernes, junio 22, 2007

Ojos de luna negra



Foto: Los Cojolites

Albúm: ¡Ay, váyanse preparando!

sábado, junio 16, 2007

El Origen

viernes, junio 15, 2007

No estoy segura de cómo funcione la memoria olfativa. Ni sé por qué es tan carprichosa.


Estoy en mi estudio, vista puesta intermitentemente entre el monitor y el Ajusco. El día es fresco e incluso hay un poco de neblina en el horizonte cercano. Ya no me extraña que la primavera en el Distrito se permita estos deslices.

M. llama, me cuenta su escenario de cabaña, bosque y bruma; sugiere que lo conozcamos juntos algún día. Por mi cuenta va la imagen de maderas, terracotas y verdes opacos, tierra oscura, piedra y agua; la sensación de frescura casi fría, el sopor dentro de un suéter de lanas cálidas. El café y el pan. La contemplación serena y prolongada de lo que parece estático pero en realidad se encuentra en movimiento perpetuo. El abrazo, el tinto y el abrazo.

Colgamos. Regreso al estudio, al trabajo y al ventanal. Estoy medianamente concentrada en lo que hago, lo suficiente para no dejar que el ruido de las escuelas me moleste, aunque al mismo tiempo atienda la programación del radio y espere la señal de la cafetera. Estoy, podría decirse, en un estado de percepción selectiva. De pronto aparece un penetrante olor a leña quemándose. Así, aparece, como lo que no estaba y de repente está. He tenido que salir al balcón para buscarlo, pero en cuanto salgo se esfuma. Entro de nuevo a la habitación y se ha ido. Me siento ante la computadora, cierro los ojos irritados un momento, descanso sobre el respaldo de la silla. Ahí está de nuevo.

Nunca supe distinguir entre los olores de distintas maderas al fuego, pero éste es un olor entre picoso y dulce, lo que me hace asociarlo con una madera rojiza, canela. Casi se puede sentir que en vez de olerlo se mastica, que se impregna hasta en el paladar.

Huele a San Cristóbal, a Tatahuicapan, a Cherán, a Coacotla. A Bartola y mi Caori, a Victoria y Guadalupe, a Hortensia, a Manuela encorvada en la puerta de su casa vendiendo pensamientos. Mujeres leña, ajadas, tiznadas, con los ojos permanentemente entrecerrados y con cataratas por el humo. Mujeres generosas y a la vez oscuras que nos alimentaban con maíz, frijol y chile. Huele a conversación, tal vez a mentira. Huele a nosotros frente al fuego, aprendiendo a comer de él.

Es el olor de mi incursión en el mundo de otros, en el oficio. También es el olor de mi ingratitud; quizá así huela el tamaño de mi indiferencia: llegué, pedí, recibí y me fui. Y eso ya no es sólo un humor, sino un sabor que se va volviendo más insistente con el tiempo. No supe y no sé cómo y qué hacer. Con todo lo que sé y lo que me falta por saber, con todo el poder que aún no tengo, no sé qué hacer.

Huele a camino.

miércoles, junio 13, 2007

Llegué a casa, me quité los tennis, los calcetines. Moví los dedos de los pies para abrirlos al aire. Florecieron. Caminé un rato sobre la alfombra. Preferí que fuera tierra mojada o pasto, agua por lo menos. Pero no. Sin embargo, agradecí el suelo y toda su horizontalidad, su rectitud amable que me permite recorrerlo sin mayor esfuerzo. Su certeza: siempre hay un suelo.


Cuando estoy descalza los pasos se vuelven un poco más pesados, uso más el talón y apoyo toda la planta, como debe ser. Quizá por eso son más firmes, ya no dependen de una plantilla, una zuela, unas correas. Van solos, apenas acompañándose a sí mismos.


Y pensar en los pasos y el espacio en el que existen, el terreno, el suelo, la superficie, me llevó a recordar:


"No todo es duro, insostenible o superficial: hay otras cosas. No necesariamente más importantes, porque yo creo profundamente en la superficie".


Fabio Morábito


Yo también. Me entrego cotidianamente a ella. A veces la busco, otras me encuentra. La cuido, la pulo, la procuro. Después de todo, sin ella no podría distinguir entre la cima y la sima, entre mi infra y mi supra. Si no la mantuviese, no impoluta pero al menos plana, no podría reflejarme en ella, saber que pertenezco a esa meseta, a ese plano vulgar y al mismo tiempo trascendental. Pero no sé si decir que uno "cree" en la superficie sea correcto. Ella existe por sí misma, no requiere que nadie la conciba. Que hay una superficie a la cual se puede salir a respirar y de donde se puede volver incluso más intoxicado o asfixiado, me parece indudable. De hecho, no se necesita volver de ningún lado para estar en la superficie, se puede vivir perfecta y permanentemente sobre ella, a lo mejor dentro de ella, suponiendo que no sea sólo una línea y tenga una tercera dimensión que corresponda justo a nuestro ancho. La superficie es la medida de nosotros mismos.


jueves, junio 07, 2007

¿Qué hora es?, ¿qué día es? La hora exacta del día preciso en que te diste cuenta de la magnitud inmensurable de lo mínimo. El día y la hora en que te convenciste, por fin, del terror que te provoca lo pequeño. Porque no lo ves, porque siempre está ahí, como un buen acosador que no tiene la intención verdadera de atacar nunca, pero te tendrá siempre en actitud defensiva, que es la forma perfecta de la desprotección. Porque lo grande, en la medida de su imposibilidad, siempre es más preciso y predecible que el detalle que espera a sorprenderte. En lo grande sabes que no lo sabes. De lo otro no sabes nada.
*****
Sueño mucho con escenarios inmensos. Todo es alto, todo es inifinitamente ancho. Siempre temo. Temo que se derrumbe y caiga todo sobre mí. Pero todo no existe, es físicamente imposible que todo termine conmigo. Será un pedazo, una mínima porción de enormidad lo que termine el sueño.
*****
Pero anoche soñé lo mínimo, un espacio ínfimo que, por fin, era todo. Fueron la hora y el día exacto en que me di cuenta de que en lo escaso no hay más opciones: es, y no hay más. Entonces, pensaba, esto es todo.
No podía moverme, ni salirme, ni morirme. Porque no había más, no había espacio, no había afuera y no había muerte. Ni vida. Era. Y de tanto que parecía que todo lo que había era tiempo, tampoco tiempo había. No había nada, no cabía. Era todo y en el todo no hay nada.
*****
Desperté y bien que me moví. Caminé, salí, pasó el tiempo. Hubo entonces muchas horas exactas y pensé e incluso escribí el día más de una vez. Tenía claro el cuándo aunque no pudiera decir lo mismo del qué, cómo y mucho menos porqué. Gasté mi porción de pequeñez del día y me agoté. Comencé y concluí. Entonces, pensé, esto es todo.
P.

martes, junio 05, 2007

La gente a la que observamos es la misma que nos ve dormir.
Todos respirando detrás de la nuca de todos, en un inmenso círculo perfecto .

Alguien susurra algo al oído del otro que lo repite al uno que lo repite al otro.
Nos exhalamos de día, como queriéndonos alejar mutuamente, pero volvemos a inhalarnos de noche.
Al día siguiente todo vuelve a empezar. Siempre.