Este tipo de problemitas son considerados "fallas estructurales" del departamento, por lo que su arreglo debe correr por cuenta exclusiva de mi casera, a diferencia de aquellos desperfectos generados por el uso erróneo y / o excesivo (¿puedo usar "demasiado" mi casa?) por parte de los inquilinos.
Tons... después de recibir "atentas" visitas de la vecinita, de que me dijera que no lograba localizar a la casera, que se estaba escondiendo, que no quería responder; después de aguantar que fuera subiendo el volumen de la voz, de que amenazara a la casera a través de mí diciendo que iba a "meter" un abogado y que, como en mi edificio no hay ley de condóminos, nos pasaría a perjudicar a nostros con la mitad de los gastos, llegó el día en el que la casera (que no se daba por enterada y aparentaba sorpresa y consternación) envió a un plomero.
Concertó la cita tanto conmigo como con la vecinita como diez veces. Yo hice todo por estar aquí alerta: me levanté tempra para ir al súper, limpié el baño (por puro pudor irracional: de todos modos lo iban a desmadrar), lavé ropa por si cerraban el agua. En fin... Hace dos días que la indignada y preocupadísima agraviada no aparece, así que el plomero no ha podido ver los daños en su techo, por lo que decidió empezar por mi suelo. No entiendo a la gente... y me encabrona.
El plomero tuvo que levantar el escusado para cambiar una cosa llamada algo así como "la junta". El resultado es que el tubo de "desahogo" está abierto, floreciente, fragante. Para colmo me tomé un café hace media hora y los efectos en mi estómago ya comenzaron. No podré ir y perderé la única oportunidad de distensión que tengo durante el día.
Otra. El bóiler se apagó durante la noche, así que sólo tuve a lo mucho dos minutos de agua caliente mientras me bañaba, uno de los cuales desperdicié estúpidamente rasurándome una sola axila. Odio como a nada ducharme con agua fría, pero dadas las reparaciones que tendrían lugar, no podría hacer uso de la regadera después. Tons ai' stoy, mentando madres y enjuagándome miembro por miembro porque simplemente no me atrevo a meterme de putazo en el agua helada. Todavía no puedo prender el bóiler... Ya me tronó en la cara una vez y me dejó con todavía menos cejas y pestañas... me da miedo.
Puras pendejadas, pues...
Hace tiempo que siento que no tengo mucho que decir. Y eso puede ser muy bueno, sobre todo cuando uno descubre que, generalmente, el motor de expresión es el drama barato. Ahora pareciera que entre más cosas pasan, menos quiero decirlas y termino por contar anécdotas apestosas sobre los desperfectos de mi baño.
En realidad, nunca he sido más profunda que el tubo de desagüe de mi escusado.

Y está bien.



