jueves, abril 26, 2007
Oído en el Bosque II
se ve rebasada por un par de jovenzuelos que juegan carreras.
Los tres hombres los siguen con la mirada y uno dice a los demás:
"Allá deberíamos ir nosotros... ¿qué nos habrá pasado?"
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¿Y a mí?, ¿a mí que me habrá pasado?
martes, abril 24, 2007
Bájate ésta...
Ta bueno... (aunque odié la parte donde aparece como holograma en "the corporation" y les tira un choro waltdisneyiano... O te rebelas o te rebelas, carajo!!! ).
Y bueno, para la reflexión dejo los piensos de uno de mis grandes, Luis Pescetti, quien diserta, desde la perspectiva del artista, sobre este gelatinoso asunto de la piratería y, además, hilvana esta historia de poder y liberación con otra: el escabroso mundo de las relaciones con los niños.
"Piratería es copiar sin autorización, ¿cómo se llama cuando una productora “cajonea” a un artista? (deja de producir y distribuirlo, pero tampoco le devuelve sus contratos y derechos sobre su obra).
¿Y cómo se llama cuando un libro se descataloga? Uno que sigue teniendo lectores que lo buscan y necesitan, pero no los suficientes que esta época de novedades exige.
Es obvio que una cosa no justifica la otra, pero ¿cómo se llama la responsabilidad de impedir la circulación de un bien cultural?
Una de las consecuencias es que la piratería creció en la medida de la digitalización. Ante esas prácticas uno puede poner un cartel “Dígale no a la piratería”, y sentarse a comprobar si el resultado es eficaz o estúpido.
Se lo puede ver como el “afán de maldad” de algunos, o como una respuesta del mercado ante problemas de costos altos, de distribución y de una nueva realidad tecnológica.Cada uno sabe o intenta descubrir qué hacer frente a eso.
Cierta vez tuve la invitación de una gran discográfica para hacer una producción, el puro contrato era más largo que un guión de televisión. Decidí no firmarlo, preferí ser mi propio productor, como la mayoría de los cantautores infantiles. Tuve que aprender a hacer CDS, desde la grabación hasta la gráfica, hasta distribuirlos. El riesgo fue lograr un equilibrio y que la necesidad de gerenciar ese trabajo no robara tiempo al estudio y la creación; pero no hay más remedio si se quiere ser artista independiente. Lo contrario es ser artista-niño: un barniz de rebeldía detrás del cual se mueven y reproducen los intereses y las prácticas de siempre.
Podría decir que cuando vi que pirateaban mis discos decidí hacer algo. Lo cierto es que fue cuando descubrí que los regalaban en los cumpleaños a los niños. Sentí una gran responsabilidad y se me ocurrió que los CDS fueran con unos libros más atractivos, de modo que fuera un regalo “más gordo” que un mero disco.
Cuando Bocasucia y Qué público de porquería, estaban hechos advertí que eran menos pirateables pues la gráfica era más compleja. Eso fue una consecuencia posterior. Luego de charlar con Eduardo Abel Giménez decidí que a los mp3 de las canciones yo mismo los ofrecería en el blog.
Pero ese video de MC Lars invita a pensar más cosas.
La producción y distribución de contenidos sea hizo cada vez más individual, autonóma e independiente, y así saltea o pasa por debajo muchas barreras.Casi de repente:No hay que ser editor profesional para publicar.No es necesario gastar dinero y se puede escribir, publicar y distribuir.La relación entre quien produce y quien recibe no precisa de intermediarios.Y todo esto se puede hacer gratuita y legalmente.
Es un enorme paso en el sentido de la producción independiente, y más que eso.
Un chico en su casa puede ser autor de su propio fotoblog, su página o su blog. Es dueño y titular de ese territorio.Es cierto que eso conlleva muchos riesgos. Igual que salir a la calle, tomar la palabra.
Podemos hacer lo mismo que intentan las grandes compañías y comprar nuestro cartelito de dígale no a la piratería, quejarnos de que los chicos leen poco porque están demasiado frente a la pantalla, o intentar otras respuestas (¿se imaginan enseñarles a los chicos el lenguaje html? Ahí no hay errores de ortografía posibles: lo que escribís mal, se ve mal o no se ve).
Los chicos tienen un mayor dominio de la tecnología (y las habilidades y lenguaje que eso implica) que los adultos con los que se relacionan. Por lo general saben más que sus propios padres, sus docentes, sus pediatras, psicólogos, que los políticos y funcionarios de sus comunidades. Eso afectó la autoridad que tenía un adulto para habilitar al mundo.
Tal vez sea cierto que chicos y jóvenes empobrecieron su lenguaje, pero siempre me queda la duda respecto a qué época en la que el lenguaje cotidiano fue más rico.
Más bien me suena a: muchos adultos enojados porque los jóvenes no vienen a su fiesta de siempre, mientras tanto los chicos revolotean como locos frente a otros contenidos, guardados en otra parte y en un lenguaje que escapa a los adultos. Quizás ese lenguaje sea “más pobre” que lo deseable, pero más eficaz para el mundo que ellos perciben como real.
No hagamos como las discográficas porque los chicos van a terminar cantándonos un rap parecido a éste. En verdad ya lo hacen.
Luis Pescetti."
Sos un ídolo!!!
P.
Oído en el Bosque
"Yo no sé porqué los hombres tienen que opinar sobre esto. ¿Cuándo van a quedar ellos embarazados? Nunca!! Entonces, ¡¿a ellos qué les importa?!"
¿Entendido?
P.
lunes, abril 23, 2007
El ejercicio y yo: relación tormentosa
Seguí las instrucciones que me habían dado para llegar y decidí hacerlo caminando desde casa. No estaba demasiado lejos y seguramente me serviría de calentamiento, pensé. Error, para cuando llegué a las puertas del parque sentí en las piernas un dejo de cansancio que me indicaba que aquello, para mis circunstancias, había sido un exceso. Y es que aquí conviene explicar lo siguiente.
Nada me gustaría más en el mundo (bueno, tal vez un amaraldi gigante de El Globo) que ser atlética y practicar con asiduidad, soltura y entusiasmo cualquier deporte, el que fuera. Tener un cuerpo ebúrneo y elástico que dejara ver de una manera sutil pero clara cada uno de los músculos que intervinieran aun en mis movimientos más simples. Ser potente, ágil, hábil, ligera. Disfrutar plenamente de una sesión de contorsiones y pujidos. Regocijarme en el sudor y el dolor propios del esfuerzo físico. Acostarme a dormir con la expectativa de levantarme al día siguiente, ajuarearme con mi atuendo adecuado, reluciente y ergonómico, calzarme un par de tennis espléndidos, pasar lista a mi kit de artículos deportivos y lanzarme a mi rutina de inhalaciones y exhalaciones. Apropiarme del centro deportivo donde practicara lo que fuese (“gym”, salón, cancha, campo) y pasar un par de horillas extasiada contando series de diez en diez. Pero no.
A pesar de que por varios años de mi vida la actividad física ha estado más o menos presente (la clásica gimnasia olímpica a la que frustradas madres congéneres de la Comanecci sometían a sus hijas; el ballet, pos porque era niña; el tennis, frontennis y aerobics, de manera obligatoria en un sistema educativo “integral”; la caminata, por solidaridad), nunca me ha gustado como para hacerla parte indispensable de mi vida.
No vengo de una familia deportista, ni remotamente. No me inculcaron el valor del cuerpo sano y domesticado; la disciplina giraba en torno a asuntos más (pppfffttt…) intelectuales y no me machacaron como debieron el rollito de las virtudes del esfuerzo y el sacrificio. Nop.
El deporte que yo realizaba lo hacía porque lo tenía que hacer. Era eso: lo que tenía que hacer para que me dejaran hacer otras cosas. Era un medio hacia algo más, ver la tele en paz, por ejemplo. De otro modo, mi madre –cero deportista y muy acomplejada- volvía mis placeres, caracterizados por su naturaleza pasiva y receptiva, muy desagradables. Se angustiaba por no estimularnos lo suficiente a mí y a mis hermanos. Como no vislumbraba atisbos de brillantez, supuso durante algún tiempo que habría que exprimirnos el lado físico, a ver si por ahí se escondía alguna virtud. Y… tampoco.
Con todo, yo fui la más perseverante de todos: cinco años en la gimnasia (que me dejaron los brazos chuecos y cierta flexibilidad que de vez en cuando cae bien); apenas unos meses de ballet (se desesperaban mucho conmigo porque me costaba y me cuesta trabajo distinguir rápidamente entre derecha e izquierda y siempre equivocaba el demi-plié y el sentido de las piruetas); tres años entre raquetas y otros cinco, aunque intermitentes, en el brincoteo frenético de los aeróbicos. Mis hermanos encontraron a mi madre un poco más sabia… o cansada, no sé, pero apenas duraban dos meses en algún deporte y lo dejaban para explorar vetas más artísticas (que tampoco prosperaron).
Entonces, no sé. Me queda clara, clarísima, la relevancia del ejercicio. Cierto que disfruto el desgaste, terminar una sesión de lo que sea empapada de sudor y jadeante. También cierto que disfruto secretamente el dolor muscular del día siguiente y que tengo la conciencia, digo yo, más clara en esos días. Pero sostenerme… Sostener el esfuerzo es el verdadero problema. Contrario a todo pronóstico, yo he ido perdiendo disciplina con los años, a la par que gano vicios y malos hábitos (no muchos, tampoco). En mis acciones cotidianas no me detengo a pensar en la espuria relación entre esfuerzo y recompensa. Para mí el ejercicio es un ritual tortuoso; vaya, ni a ritual llega porque hasta para sufrir se necesita constancia.
Me cuesta levantarme cuando sé que me he propuesto algo por el estilo. Vestirme y notar que la ropa deportiva no es lo mío. Los tennis me gustan, pero más por su tosquedad que por sus funciones aerodinámicas. Dirigirme hacia el sitio siempre pensando en dar un volantazo hacia atrás o un paso en otra dirección (en alguna ocasión nunca llegué al gimnasio, sólo adelanté el café y el bisquet). Cuando llego, los primeros cinco minutos son aberrantes. Pero después, conforme pasa el tiempo y el sudor empieza a brotar, me va gustando, me voy metiendo en el transe y disfruto ver a mi cuerpo sufriendo un poco, ganándose algo, no sé qué. El asunto se termina y, a diferencia de otros, no me quedo explorando qué más puedo hacer; sólo pienso en irme y tirarme a dormir, eso sí, muy placenteramente.
Y de hecho, me chocan las personas que se vanaglorian en su disfrute por el ejercicio. Me parecen absolutamente desconfiables. Se regodean en la técnica, en la vestimenta, en la tecnología. Me parecen absolutamente pretenciosos, falsos. Claro que pasan cuatro horas diarias en el gimnasio!! Por lo menos tres de ellas platicando de aparato en aparato. Creo yo que el gozo por el ejercicio es mucho más íntimo, propio de espíritus con una conciencia más holista del asunto. No es el cuerpo, no es la belleza, no es la salud, no es el desprendimiento del trajín diario: es todo. Y se hace en silencio, requiere concentración y soledad.
Creo que, parte de mi resistencia hacia el deporte está en que presiento mi ineptitud en esta materia, mi falta de destreza, de gracia. Juego a imaginarme corriendo, flexionándome para una sentadilla o exprimiéndome una abdominal… y no. Es una imagen casi… bufonesca, que denota claramente mi falta de condición y de expertez. Eso me hace pensar que la única opción para mí es la caminata, discreta, muy íntima, contraria al explosividad envidiable de la carrera veloz, a la espectacularidad de la zancada, del resoplido sonoro. Lo mío, pienso, es caminar interminablemente, caminar como dicen que camino, como machín.
Entiendo el nulo virtuosismo de este círculo. Mientras no me decida a hacerlo, y hacerlo bien, el panorama no mejorará. Ya no soy la escuincla a la que una sesión de gimnasia le parecía un juego –con demasiados jefes gritones, pero un juego al fin-; ya todo me va costando un poco más de trabajo: el deporte, la digestión, el sueño, la paciencia.
Por eso he decidido mover el bote en estas vacaciones que oficialmente comienzan hoy y hacer un intento, corto pero comprometido, por realizar alguna actividad física por lo menos durante una hora. Eso será suficiente para disminuir la culpa de tanto tiempo en la casa, dándole al seso sentada, si no acostada, si no sentada de nuevo, si no parada inmóvil en mi balcón.
P.
sábado, abril 21, 2007
No lo sé. No sé porqué a veces hay que arrastrarse.

"Aguantaré muchísimo,
dentro de lo razonable,
hasta el punto en que tú
tengas que aguantar muchísimo..."
Nine Rain
jueves, abril 19, 2007
La verdad en el mito II
Heracles o Hércules para los romanos. Es uno de los ejemplos más notables de la intensa relación que existía cotidianamente entre los hombres y los dioses antes de las bodas de Cadmo y Harmonía. Madre mortal, padre dios de dioses, Zeus. Producto de una doble infidelidad, una premeditada y la otra sufrida: Zeus adoptó la forma del marido de Alcmena, ni más ni menos que el rey de Tebas, quien llevaba en el nombre la penitencia: Anfitrión. Después de que Alcmena concibió al semidios, su esposo volvió a casa y la fecundó de nuevo, ahora de un mortal.
Hera, la multicornuda esposa de Zeus, rabiosa porque todos sus intentos por impedir el nacimiento de Heracles fracasaron, envió a su cuna dos serpientes para que lo matasen. El prodigioso niño tomó a cada una con la mano hasta asfixiarlas para después juguetear con ellas. Desde entonces se dedicó a realizar proezas voluntarias e involuntarias. Las que hizo por decisión propia, dicen, eran inspiradas por las aventuras de Teseo a quien admiraba profundamente y pretendía emular.
Pero sus más grandes aventuras las realizó obligado, sin furia ni gozo, como parte de una condena que habría de pagar por estrangular a todos sus hijos. Fueron doce las tareas que debió cumplir, a las cuales se adjudica la existencia de los doce signos zodiacales. De ahí la piel de león que conservó como ¿souvenir?, la batalla con la amazonas, los gigantes asesinados, los monstruos exterminados, los robos de bestias salvajes.
El mito señala que Heracles jamás supo para qué hizo lo que hizo. Cada incidente se añadía al rosario de su arrepentimiento. Él, la representación por antonomasia de la masculinidad -que para los griegos no negaba el enamoramiento homosexual-, estaba condenado al dolor eterno, a una pena casi femenina, maternal.
Pero lo más importante sobre Heracles no son sus músculos, ni su origen semidivino, ni su pena, ni sus proezas, ni sus amantes. Lo más relevante de nuestro héroe, lo que realmente nos reúne aquí son... sus nalgas:
"Las nalgas de Heracles eran como un viejo escudo de cuero, ennegrecidas por la larga exposición al sol, además del aliento abrasador de Caco y del toro cretense. Cuando Heracles capturó a los dos burlones Cercopes, que iban a robarle y quitarle el sueño en forma de molestos tábanos, después de haberles obligado a recuperar la forma humana los colgó a ambos por los pies de una viga y se los cargó al hombro, equilibrando su peso. La cabeza de los dos minúsculos bribones colgaba a la altura de las poderosas nalgas del héroe que la piel de león dejaba al descubierto. Entonces los Cercopes recordaron las proféticas palaras de su madre: 'Mis Culitos Blancos, guardaros del momento en que encontréis el gran Culo Negro'. Los dos ladrones colgados se desternillaron de risa, mientras las nalgas del héroe no paraban de subir y bajar en su marcha segura. Mientras caminaba, el héroe oía a sus espaldas aquella risa sofocada. Estaba triste. Ni sus víctimas se lo tomaban en serio. Descargó en el suelo a los dos bribones y se echó a reír con ellos".
Roberto Calasso, "Las Bodas de Cadmo y Harmonía"
Otros cuentan que los mató...
Hasta los hijos de los dioses tenían batallas perdidas de antemano.
P.
martes, abril 17, 2007
lunes, abril 16, 2007
16 - 04 - 07
Yo he estado el día entero encerrada en la casa planteando un estudio insulso sobre discriminación. Aun escondida, desde mi vista privilegiada del sur de la ciudad y el Ajusco, contemplo y respiro la contingencia ambiental en pleno. El viento sopla durísimo, todo se cimbra, pero no es suficiente para despejar las nubes de porquería. Más bien las mete por la terraza y provoca que los ojos no me dejen de llorar.
Los niños volvieron a clases; esto no me importaría si no tuviera dos escuelas enfrente. Durante sus vacaciones repetí más de una vez que los extrañaba; la calle estaba demasiado silenciosa y me entró una nostalgia irracional por sus chillidos. Ahora que volvieron me doy cuenta de que, en efecto, los niños no me molestan. A la que ya no soporto es a la estúpida directora y su megáfono; lo utiliza hasta para estornudar, hasta para ir al baño. Casi puedo verla llamándole la atención a través del altoparlante a un niño que tiene a penas a dos metros de distancia. Un altavoz... insospechado vehículo del poder.
Los niños no pueden salir al patio a la hora del recreo por la contaminación (obviamente lo supe a través del megáfono). La gente ya no parece asombrarse de una alarma de éstas aquí, es un elemento más que se ha añadido a la rutina. Como el "no circula"; se olvidaron las razones que lo motivaron y ahora simplemente se hace... a veces.
Recibí una llamada telefónica en la mañana. Un peludo de más de 20 años que decía ser mi hijo me llamó lloroso y desesperado para avisarme que lo acababan de secuestrar. Al principio no entendí nada de sus balbuceos; dije "no entiendo....", quizás pensó que comenzaba a adentrarme en una espiral de histeria y dijo todavía más dramático "¡mamá! me acaban de subir a una camioneta y me vendaron los ojos". "Aaahhh...." atiné a decir, mientras me reía y colgaba el auricular. Obviamente, pensé, se trataba de un fraude telefónico, una extorsión amateur a todas luces (para tener un hijo de veintitantos debí haberlo parido antes de mi diez añitos... digo, come on).
jueves, abril 12, 2007
Desde Siberia
J’ai besoin de la lunepour lui parler la nuit.
J’ai besoin du soleilpour me chauffer la vie.
J’ai besoin de la mer pour regarder au loin.
J’ai tant besoin de toitout à coté de moi.
J’ai besoin de la lune
Pour voir venir le jour tant besoin du soleil
pour l’appeler la nuit
J’ai besoin de la merTout a coté de moi
J’ai tant besoin de toipour me sauver la vie …
J’ai besoin de mon père pour savoir d’ou je viens,
TANT besoin de ma mère pour montrer le chemin.
J’ai besoin du metro pour aller boire un verre
tant besoin d’oublier
tant besoin de prières
J’ai besoin de la lune pour lui parler la nuit.
J’ai besoin de la lune pour lui parler la nuit.
Tant besoin du soleilpour me chauffer la vie.
J’ai besoin de la mer pour regarder au loin
J ai tant besoin de toi tout a cote de moi…
J’ai besoin de la terre pour connaître l’enfer
tant besoin d’un ptit coin pour pisser le matin
j'ai tant besoin d’amour, tant besoin tout les jours
J ai tant besoin de toi, tout a cote de moi
j'ai tant revé d’un jour de marché sous la lune
j'ai tant revé d’un soir au soleil de tes nuits
j’ai tant revé d’une vie a dormir ce matin
J’ai besoin de la lune pour lui parler la nuit
pas besoin de la mort pour rire à mon destin
J’ai besoin de la lune pour lui parler la nuit
pas besoin de la mortpour rire à mon destin
miércoles, abril 11, 2007
sábado, abril 07, 2007
jueves, abril 05, 2007
La verdad en el mito









