miércoles, febrero 21, 2007

Destino seminal

Asombra la disposición como de semen de todos y todo: personas, situaciones, sentimientos, voluntades. Existe una fascinante propensión para, con el tiempo y tal vez el viento, pasar de la espesura a la más absoluta liquidez, de la concentración máxima a la dilución. La tendencia intrínseca de perder sustancia y consistencia, y terminar siendo absorbido por un poro abierto cualquiera.
Semen de Onán, por supuesto.
P.

lunes, febrero 19, 2007

Política de Omisión





Día (¿racha?) de torpezas.
Que se acabe, por favor que se acabe.


La lección es una:

SILENCIO

domingo, febrero 18, 2007

Exloratorio 1

"Yo soy Nadie,

¡¿y usted quién es?!"

I am:

Stanislav Lem

This pessimistic Pole has spent a whole career telling ironic stories of futility and frustration. Yet he is also a master of wordplay so witty that it sparkles even when translated into English.



Which science fiction writer are you?

P.

miércoles, febrero 14, 2007

Estoy cansada. Pocas veces salgo sola de la escuela y por la noche. Hoy así ocurrió. Fue un día extraño. Empezó mal para mí por motivos que no me interesa reproducir aquí. Después la Nena sufrió una "crisis biliar" que la mandó por unas horas al hospital. Se respira un poco de tensión. No me tomé mi yoghurt, sigue en la mochila. Me llené con las galletas de Sinhué durante el laboratorio de análisis. Entendí Mate, pero me trabo cuando Mina me pregunta. Contó la historia más divertida: él, sus nueve hermanos y diez tortas para la hora del recreo. La historia evolutiva de la fecundidad en cuatro paredes de un cuarto frío. Levantamos las manos. Nos enteramos de algo más sobre los otros, por lo menos yo.
Es la segunda vez que veo a Jorge Mario en FLACSO. La primera pasó de largo; ahora hasta hizo esfuerzos porque lo viera en el comedor. Nos saludamos: la evaluación fracasó de manera por demás rotunda. Se queja de que no sirvió para tomar decisiones. Pues más le vale, pienso yo, si el resultado fue finalmente que Microrregiones desapareciera.
Luego vi a Fernando Cortés. Platicamos. Me preguntó si iría a la presentación del libro en Guadalajara. No. Justo ese día tengo examen de estadística. Mentí sobre haberle dicho ya a Mercedes. Hablamos de Cristina Gomes. Fue su alumna, ella y Horbath. Comenzó a sonreír socarronamente y supe que cualquier cosa que dijera sobre ellos Fernando la entendería. Así que no dije nada. Rosa María les da clases a los de la maestría en Ciencias Sociales. A mí me dan clases egresados de la promoción pasada...
El resto del día: bla, bla, bla. Si acaso lo salva la satisfacción de haber terminado una tarea de AD solita. Gusto que me durará hasta que me corrigan la plana entera.
14 de febrero. Día del bla y la bla. Bla, bla. De regreso en el camión muchachas con flores, hombres con rosas a punto de entregar a... Globos metálicos, gente haciendo y comentando planes. Bla. A veces quisiera sin tener que pedir. Sólo una vez, cuando yo todavía era otra, aquel Alejandro me mandó una rosa con el servicio de "mensajería amorosa express" que el TEC organizaba cada pavoroso 14 de febrero. Llegó el mensajero al salón e interrumpió la clase como tenía que ser para darle espectacularidad al asunto. Recitó ni nombre como en cámara lenta. "Uuuuuuuuuiiii!!!!", aullaban mis compañeros entre divertidos y extrañados. Tan raro era que esto me sucediera a mí. Recibí la rosa y la guardé en la mochila, aplastando los pétalos. El peor día de mi vida. Extraño que ahora sienta nostalgia ante el despliegue de ridiculeces. Me estoy haciendo vieja. Pero quisiera... sin tener que pedir.
En cambio, para mí el día empezó mal y es probable que M. vaya al futbol. Felicidades a mí. Bla.
El chofer de la micro iba platicando con una chica que de perfil era idéntica a Chela, pero en joven y con piercing en la ceja. Ella había terminado con su novio por la mañana. Parece que el tipo andaba de coqueto con la Goya, "la traía aplastada al lado en un bote pa'rriba y pa'bajo. Y eso que no le hablaba, que si le hubiera hablado, la llevaba hasta su casa". "Así son los camioneros", dijo el chofer aparentando una falsa distancia con respecto a su gremio, "pero ¿para qué lo truenas hoy?, te hubieras ido de reven y ya mañana lo botabas". Buen punto. "Na, que sea en un día especial para que diga 'por andar de culero, la flaca me mandó a la chingada'". También es un buen punto.
Yo estaba a punto de dormirme. Iba sentada cerca de la puerta abierta y el aire me obligaba a entrecerrar los ojos que cada vez se vencían más pronto. Bajé en la esquina.
Desde que pasó el asunto de los perros me siento insegura en mi calle. Los gritos y las mordidas, el dolor, la violencia y luego el profundo silencio, me oscurecieron el recorrido de la esquina a la puerta del edificio. Cada mañana salgo y observo a todo mundo tan tranquilo y pienso "es que no supieron". Ahora me da un poco de miedo. La calle adquirió de pronto pasado, uno turbio.
Como de la nada, pero comprensible en la escalera de nostalgias que subí al departamento, pensé Kapona Viloru. ¿Por qué carajos, trío de mensas, no se llamó Kapana Viloru?! Yo no me llamo Poloma! Kapona Viloru... El ruido de las llaves con el recuerdo de las risas. Cerré la puerta y vino la imagen de la otra puerta, la que azotamos en la grabación simulando una partida arrogante y violenta que nos dobló en dos por las carcajadas. Kapona, Kapona Viloru... Está bien, no se habría escuchado mejor Kapana.
Éramos tres: Ka - po (que debió ser pa) - na.
Bla.
P.

martes, febrero 13, 2007

No somos de aquí

Son ya varios los fragmentos que aquí reproduzco del libro de Vila-Matas. No se trata de ningún exceso. Palabras Ajenas es justo esto: los otros. En todo caso, lo que ha sido un despropósito es el nivel de intimidad que este espacio ha alcanzado en tantas ocasiones. No es que me arrepienta; sólo es una justificación no pedida que parece necesaria ahora que me dispongo a transcribir un nuevo segmento de verdades que me encuentro en este librito recorrido durante mis escasos tiempos de desahogo. Se trata, como se verá, de una revelación nítida, cuya importancia radica precisamente en su falta de originalidad: todos lo sabemos. Aún así, todos lo negamos. De otro modo, pasar por aquí sería sencillamente imposible.


"Segunda tentativa de escribir lo que escribiría si escribiera
Estábamos destinados a algún otro planeta lejano, al otro extremo de la galaxia. Me pregunto cómo se las arreglarán aquellos que estaban destinados a vivir aquí, cómo les estará yendo en ese otro planeta. ¿Viene nuestro terror de este pequeño equívoco de gran importancia? 'Puede que seamos un accidente biológico, el virus más exitoso y potente que se haya creado', dice Jhon Banville, que piensa que los seres humanos hemos tenido que aceptar forzosamente que lo que somos es lo auténtico. Es más, hemos inventado la palabra normal. Y hasta nos atrevemos a llamar raros a algunos de nuestros semejantes. Sin ir más lejos, a mí a veces me han llamado raro los normales.

Me quedo ahora pensando en ese pobre marciano que un día se quedará atrancado aquí, es decir, aterrado. Tendrá resuelto todo acerca de la humanidad y, en un primer momento, pensará que el mundo pertenece a los automóviles, pero pronto no tardará en ver que los parásitos a bordo de los coches son los que en realidad llevan las riendas. Creerá que ha resuelto el problema cuando de pronto descubrirá que estornudamos, bostezamos, lanzamos aullidos silenciosos en mitad de la noche. ¿Acaso es normal? El marciano conocerá el terror en el que vivimos cuando observe que la mitad de la población mundial se raspa cada mañana el rostro con una navaja y la otra mitad no lo hace.

Ya desde el mismo momento de nacer, conocemos el miedo y preferimos, dadas las circunstancias, servir que ejercer ese Poder que, como demuestra la famosa Historia, nunca es de nadie. Entrar en la vida normal es entrar en la sospecha de que quienes realmente estaban destinados a vivir aquí se han extinguido hace años, pues no es posible imaginar que hayan podido sobrevivir en un planeta hecho para contenernos. No somos de aquí. Y sólo la literatura parece ocuparse con seriedad de nuestro espanto. Cuando Poe escribió aquel cuento de un hombre al que enterraban vivo, contó nuestra verdadera historia. De ahí el terror que aún perdura en quienes leyeron ese cuento que decía la verdad, un miedo que se convierte en un terror doble si llegamos a Kafka, el muerto en vida. Los hombres normales han mirado a Kafka siempre con extrañeza, en realidad con la misma extrañeza con la que él les miraba a ellos, consciente de que no tenía un lugar en este mundo: 'Dos tareas del inicio de la vida: reducir cada vez más tú ámbito y comprobar una y otra vez que no te encuentres escondido en algún lugar fuera de él', escribió Kafka en un texto de juventud, un Kafka que siempre quiso transmitirnos que aquello que se nos antoja una alucinación inimaginable es precisamente la realidad de cada cual. Si lo pensamos bien -nos dice Philip Roth-, veremos que en todas sus novelaas Kafka traza la siguiente crónica: alguien es educado para aceptar que todo aquello que le parece absolutamente injusto y fuera de lugar (además de ridículo y muy por debajo de su dignidad) es de hecho lo que realmente le está sucediendo. Dicho de otro modo, esto que está tan por debajo de nuestra dignidad resulta ser nuestro destino."

Enrique Vila-Matas, "Doctor Pasavento"

miércoles, febrero 07, 2007

Días así, horas así, silencios así

Más de uno de mis días es así,

"Puedo ver todos los días, si salgo de mi casa, una gran variedad de tipos duros y solitarios, gauchos esparcidos por un espacio infinito en el que el silencio también es solitario, aunque solidario. Ayudo en lo que puedo y a mí también me ayudan -somos como una discreta y clandestina comunidad inconfesable- y conozco la bella infelicidad yendo a caballo por este país del viento, en este lugar misántropo donde todos los días que salgo, al regresar, dejo atrás la montura y, tratando inútilmente de imaginar el rostro del viento, hago a pie el camino final, que consiste en dar un paso más allá y entrar en mi refugio. Entro a casa y miro al ombú y luego, sin sonido ni palabras, aparte me quedo ya".

Enrique Vila-Matas, Doctor Pasavento




Porque él habla de la patagonia. Yo hablo de mi propio fin del mundo.

Y entonces, cuando volví a casa y cerré la puerta del refugio, recuerdo:

"hay que lavarse los ojos después de cada mirada..."

Sea. Porque a veces me canso.


P.

martes, febrero 06, 2007

Plis...


Quiero, quiero, quiero, quieroooo!!!! Así, cuadrado y todo, por aquello de que dicen que todo se parece, o podría parecerse, a su dueña.
Por cierto, encontré una imagen que, desafortunadamente, no pude tomar prestada para mostrarla aquí, pero es una belleza. Se trata de Alonso Arreola, músico de, entre otros proyectos, La Barranca. En la foto aparecen él y un hermosísimo y añoso -ay! coño!- basset hound. La peculiaridad de la imagen radica en que el perrito no tiene patas traseras, y en su lugar aparecen un par de llantitas que le permiten desplazarse. La foto es, más que conmovedora en el sentido facilón de la palabra, estimulante, muy gratificante.
Hay que cliquear aquí, ir a imágenes y elegir el recuadro donde aparece tan privilegiado can.
A primera vista, he de decirlo, la imagen no es fácil. Como que duele. Despierta un montón de consideraciones; por ejemplo si, ante las circunstancias, no hubiese resultado menos tortuoso para el animalito dormir el sueño de los justos. O si el arreglo no implicará incomodidades para el chucho por aquello de la complexión de la raza (son pesados, de columna larga que resiente el peso y cada uno de sus trotes y rebotes). O si choca al dar la vuelta, o si no se atropellará solo...
Pero luego, qué carajos!!! Nadie a quien le importe se mete a salvar vidas a lo pendejo. Seguro que tuvieron todas estas consideraciones en mente antes de implantar el "aparato-posicionador/posibilitador-de-la-movilidad-trasera del Dr. Chunga ... y Yung Lee". Y seguro también que el perro es mucho más listo que yo y no tiene problema alguno para desplazarse. Más de una vez pensé que el Cuco me miraba con una fatiga tal que ameritaba que le pusiera por debajo una patineta para que "surfeara" por la vida.
Los animales tienen un apego a la vida impresionante, y celebro infinitamente que alguien, Alonso en este caso, haya decidido contribuir a prolongar una que el destino sin duda habría interrumpido. Bravo.
P.
p.s.: nomás que le corte tantito las uñas... que al cabo que son menos, digo yo.