viernes, junio 30, 2006

Caprichos

Hoy se me adelantó el divague. Apenas son las 4:10pm y ya caí aquí. Mal, muy mal.
En realidad era previsible después de lo que pasó ahora, que no es otra cosa que lo que nunca ha dejado de pasar. Tanto que hacer y yo suspendida, con la boca abierta, en un estado de estupefacción perenne que ya no asombra ni a mi propia sorpresa aburrida.

[Ella, mi sorpresa, dama pálida recostada en un diván, semidesnuda, apenas cubierta por unos velos delicados que transparentan su letargo. Me mira sin mirarme y piensa cuán predecible soy y la mala vida que se vive por mi culpa].

Quisiera un plátano chorreado con cajeta y un buen vaso de leche fría. A pesar de lo sexoso del asunto (¿qué?, ¿sólo a mí se me ocurrió?) la referencia es absolutamente infantil. Mi mamá me daba un pedazo de bolillo con plátano para calmar la tripa, y mi abuela una generosa cucharada de cajeta acompañada de un vaso de leche como recompensa por... nada, básicamente.

A ver, una lista siempre ayuda. Mientras engordo con mis nostalgias hagamos una lista de lo por hacer, con la mejor intención de ir tachando cada "item", uno a uno.

1. De aquí al miércoles 5 de julio, abandonaré el capítulo del libro para dedicarme a estudiar para el mentado examen. Ahora que me han confirmado que los resultados pueden estar a tiempo y ser perfectamente válidos, no puedo dejar pasar (otra vez, ji) la oportunidad.

2. A partir del miércoles retomo el articulito hasta terminarlo. Seamos sinceros: falta poco, puedo hacerlo en muy corto tiempo si me decido. Es más mi disgusto hacia el trabajo -en un sentido amplio- que lo complicado del asunto. Debo encontrar otra vez el ánimo de despedirme de una manera digna. Será lo último que haga aquí.

3. Me voy a vivir al D.F. Tengo que encontrar un lugar para vivir. Para esto he planeado una semana, la última del mes de julio, en la que iré al monstruo y nadaré en el pajar buscando agujas. Mis instrumentos en el desierto serán el "Segunda Mano", la "Guía Roji" y, quizás, la ayuda de unos cuantos. Esperemos. Lo ideal sería, por supuesto, algo cerca de la escuela -al sur-, barato -casi tanto como no más de dos mil pesos- , lindo, seguro, amable. ¿Mi nieve? De mamey, gracias.

4. Hay que desmantelar el nido actual, vender cosas, regalar las más, colocar otras. Llamar a la casera para decirle que dejamos el lugar. No, primero, conseguir el número de la casera para llamarla y decirle que dejamos el lugar. Averiguar qué puedo hacer con la línea telefónica (¿anybody?).
5. Dicen que no hay quinto malo. Lo acabo de inaugurar. Tengo que dejar a Cuco (again ¿anybody?). Mis opciones son pocas, no conozco a nadie familiar y confiable a quien le interese. Una mujer, al parecer extranjera, que tuvo la iniciativa de establecer un refugio animal que no prosperó por falta de cultura y financiamiento, podría ayudarme. Esto, claro, si coopero y le respondo los mensajes, si le mando las fotos y si, como ella dice, me sincero y digo cuáles son las caracetrísticas REALES del Cuquín Fonseca. Ya no puedo postergarlo más.
También podría convencer a mi mamá de que lo cuide mientras me dan el crédito (ver infra), me estabilizo económicamente y me mudo a un lugar con jardín donde el perrucho pueda "atenderse" solo.
6. Entre tanto, ir reuniendo la documentación necesaria para el crédito. Tengo de aquí al, máximo, 25 de julio para tener todo listo.
7. ... Sí. También.
P.

miércoles, junio 28, 2006

Fragmentos: siempre incompletos

I
Qué chistoso cómo puede uno sentir tanto y después nada. Qué inmediatos somos, de tan corto aliento. Estamos hechos de novedades, de impresiones fugaces de las cuales sólo nos quedan imágenes revoloteando por algún tiempo. Después es increíble cómo todo se apaga, tarde o temprano. Siempre se apaga. Lo más curioso de todo será que no es triste. Es, si acaso, confuso. Extraña no extrañar algo que supuso tanto anhelo.
No sé qué tan previsible sería que se extinguiese pronto; en realidad tenía serias limitaciones para crecer. Pero hay historias que han prosperado a pesar de; ésta no. Y no duele. Qué curioso.

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II
Queda, en cambio, lo que está. Aunque no sepamos cómo sigue ahí, aunque no nos quepa en la cabeza cómo subsiste a pesar de nosotros. No habría que menospreciar tan a la ligera lo que sobrevive a pesar de tantas maldiciones, de tantas zancadillas, de tanto arrepentimiento. ¿Por qué sigue aquí y cuáles serían las posibilidades de que continuara si lo dejamos en paz, si por fin lo dejamos en paz?
Parece que lo único que pide es que dejemos de pensarlo, que le permitamos sólo ser. Que le reconozcamos que se ha ido forjando una personalidad propia que merece existir como es y no como habríamos querido que fuese. Qué raro: es justo lo que cada quien pide para sí, pero no lo concedemos para lo que ha sido nuestro.
Egoístas y ciegos como somos, ¿seremos? Es raro mirar la piedra y decirle "no existes"; nadie lo hace. ¿Por qué nosotros lo negamos, entonces? Se levanta todos los días con la única tarea de demostrarnos que sigue ahí. Y no queremos verlo.
Pobre. Qué difícil resistir ante tanta negligencia. Sobre todo cuando se es amor.

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III
No sé si esto debería terminar en algún tipo de propuesta. No niego que el tiempo a solas y en silencio (cuando es posible de veras extrañar) me lo ha sugerido varias veces. Lo pienso y lo pienso más. Siempre termino murmurando "¿pero cómo?". Y hasta ahí he llegado. No puedo avanzar más porque lo dicho y lo hecho, lo irretractable, no me deja continuar y comienza a doler y no quiero.
Luego trato de entretenerme con el futuro, de jugar en un tiempo posible pero incierto, de confiar en lo desconocido para ver si me saca de este ahora. Y me voy. Pero siempre vuelvo. El escandaloso aleteo de mis imágenes me devuelve a lo de aquí. Por ahora es posible regresar. Pero un día será al revés. Volveré aquí en las alas de mis mariposas, pero lo real será otra parte. ¿De veras lo entiendes?, ¿de veras eso es lo que quieres ya?
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IV
Nunca me he ido de aquí antes. Lo único que he querido es que dejes de llamarle "flores", que lo nombres amor y que lo dejes ser tranquilo. ¿Y si así fuera?
Te hablo a ti.
P.

domingo, junio 25, 2006

De un sueño


Si hay más historias, más nombres y más fechas, ya no quiero conocerlas. Debiste haberlas contado cuando te lo pedí, cuando era necesario, cuando pudo haber servido de algo, cuando contarlas pudo haber cambiado el momento que está y el que viene. No lo hiciste. Ahora no tengo ningún deseo de saber nada.
Miento, el deseo existe. Siempre vivirá en mí la semilla del árbol que come raíces en lugar de echarlas. No sé cómo llegó ahí, pero el ánimo de dolor parece crecer junto conmigo.
Pero ahora, ahora que no habrá más tiempo, si hablaras, si fuera eso lo que decidieras contarme por la noche antes de dormir en lugar de nuestras no historias futuras, de nuestras no promesas por venir, no querría pensarte más.
Y de verdad que sí quiero. Es lo único que me queda. Si hablas ahora, me lo quitas.
P.

viernes, junio 23, 2006

Yanquis go home...



A ver cuánto se tardan en decir que Ghana tiene armas de destrucción masiva o que está enriqueciendo uranio o que esconde a Osama o que sus migrantes se están quedando con los trabajos que ni los mexicanos quieren hacer.





Uno de esos extraños casos en los que lo que no puede hacer la justicia, ni la divina ni la terrenal, lo logra el fut bol.

Por supuesto que es exagerado, pero qué lástima que un tropiezo mínimo e insignificante de Estados Unidos nos provoque tanto placer.

Qué pena que nos dé gusto el fracaso de una imagen abstracta, que probablemente nada tiene que ver con la gente de pie que la habita. Qué mal que su tristeza convoque a celebrar. Pero también es cierto que se lo han ganado a base de soberbia y tiranía.... Looooooosseeeerrrrssssssss!!!

P.

¡Que no me callo!


Me parece inquietante que, ante los resultados de las recientes elecciones presidenciales que han tenido lugar a lo largo y ancho de latinoamérica, en las que lo que resulta más destacable para varios analistas es la "izquierdización" del continente, el fenómeno de la abstinencia no merezca la misma atención. En todos estos procesos, los vitoreados triunfadores han logrado llegar al poder con cifras en promedio superiores el 50 por ciento de los votos, pero en países donde la cantidad de personas que se abstuvieron rebasa el 50, e incluso el 60 por ciento de la población en posibilidades de votar. Es decir, grosso modo, terminan gobernando para todos, pero representando apenas el deseo de la mitad de la mitad o todavía menos. Si bien la aparente tendencia a favor de proyectos que contravienen la trayectoria neoliberal de los gobiernos del contienente es importante, el abstencionismo no es sólo silencio; de hecho, tiene mucho qué decir y nadie parece escucharlo.
Durante la licenciatura en sociología aprendí -como casi siempre uno aprende sólo lo que le acomoda-, gracias a Max Weber, que en términos de la acción social, no hacer nada también es acción, pues el actor confiere a su aparente inactividad un significado concreto. Más allá de que yo hubiese encontrado el pretexto perfecto para justificar mis abulias, lo anterior me parece absolutamente cierto: en mi decisión de no actuar también existe un discurso que se orienta hacia los otros. Tomar la decisión de permanecer inmóvil también comporta un proceso racional, un cálculo costo - beneficio que desemboca en un hecho objetivo y concreto: la no acción.
Y no es que me levantara pensando en esto. La verdad no. Desperté aturdida con los gritos matutinos de un Cuco ávido de atención, entusiasmada por los molletes que me iba a zampar con los frijoles negros que había puesto la noche anterior. Pero -afortunadamente después de disfrutar mi desayuno-, al cerrar mi correo de yahoo, me topé con la campaña inadmisible "tu rock es votar". La cara de una personaja, perfectamente bien fotografiada, cuidada hasta en el más mínimo detalle, con todos los cabellos perfectamente acomodados para que pareciera despeinada, buscando la contundencia del blanco y negro, y con su dedito imbécil tapándose la trompita, logró, por fin -porque he soportado este bombardeo por un tiempo considerable- encabronanrme: -A MÍ TÚ NO ME CALLAS, PENDEJA!!-, fue lo primero que pensé.
Coincido con quienes señalan el carácter autoritario y medio nazi de esta propaganda. Sin embargo, imputarle estos adjetivos me parece darles demasiado crédito. Esto está ideado en términos estrictamente mercadológicos: una imagen popular + una frase pegadora + una atmósfera seductora (¿?) = gancho al cerebro. Obviamente las consecuencias de este discurso no fueron calculadas, ni siquiera contempladas. Es cierto, nada menos democrático que prohibirle a alguien hacer uso de la palabra; nada menos democrático que querer coptar y dirigir la decisión y la acción de los actores, irrumpir de una manera tan violenta como la amenaza de censura en sus propios procesos de expresión y secuestrar su libre albedrío.
Esto simplemente no puede hacerse, y menos desde lo que quieren hacernos pensar que es el "rock", esta manera supuestamente anárquica y rebelde de ser, hacer y decir. Esto es, nada más, un intento muy mal armado de obedecer a un civismo espurio, de instar a hacer lo políticamente correcto desde una moral bastante discutible. La preocupación de los mentados spots está centrada en lo fashion y en el oportunismo: aprovechando el momento electoral, cada uno, de paso, hace uso de una cámara que les dará proyección nacional para hacerse publicidad, erigiéndose como ciudadanos ejemplares en un país, justamente, huérfano de ciudadanía real.
No sé si en verdad se conciban como líderes de opinión -y en este caso, lo más grave de todo sería que en efecto lo fuesen- pero sí me extraña que, entonces, no hayan levantado la voz y el dedito flamígero para intentar detener la oleada de mierda que ha ido y venido durante las excesivamente largas campañas. Por qué no dijeron "dejen de manipularnos, dejen de tratarnos como imbéciles, dejen de usar a "los jóvenes" como carne de cañón, como botín, como materia maleable y sin criterio para discriminar influencias"?
En cambio, han decidido mandarnos callar. Si no voto es porque miro hacia todos lados y no encuentro nada que valga la pena. Si no voto es porque me indigna que durante meses me hayan tratado como alguien sin memoria para recordar las mentiras y las afrentas que desde el poder se me han lanzado; sin historia, sin lecciones que aprender. Si no voto es porque ellos, todos, han creído que yo me merecía las cubetadas de mierda que han estado lanzando desde que todo esto empezó, como empieza cada sexenio, si no es que antes como ya es moda. Si no voto, es porque todo esto lo han hecho con mi dinero. Si no voto, es porque alguna vez voté y "mis candidatos" abandonaron el cargo y los compromisos a menos de la mitad del camino para irse tras el hueso que seguía y mi voto, qué caray, les valió madre. Si no voto es porque no me quiero hacer pendeja votando por uno nomás porque no es el otro, como pretenden que hagamos. Si no voto es porque, efectivamente, mi voto es algo muy serio, y aquí nadie se lo merece.
Y eso es lo que quiero decir si me abstengo: nadie se merece mi confianza y mis expectativas.
Así que, mi pinche Ely (y la Venegas y los plastilinos y los pendejos moderattos y las pobrecitas víctimas de su doctor cerebro -a los otros no los menciono porque la neta no sé ni quién chigados son-): vete a callar a tu madre.
P.

miércoles, junio 21, 2006

Súbita despedida


Por cualquier motivo que olvidé de inmediato, volteé hacia el ventanal que asoma a la calle desde lo que se ha decidido que sea la sala. El viento del primer día de verano de este año bambolea los frondosos árboles de la acera de enfrente. La tarde-noche cae en todo su esplendor. Me asomo a la ventana y todo es como siempre: las señoras de aquel balcón que salen a platicar a las escaleras, los edificos de colores estridentes que por alguna razón ahora no me molestan, la calle extrañamente despoblada, la danza de las hojas. Y hacia adentro, mesas, escritorios, libreros, sillas, puertas, cama, muros falsos, máscaras, repisas, voces, pasos, polvo... nuestro polvo.
De repente entiendo que esto pronto será recuerdo. Como todo, como yo. Y no sé qué sentir. Me asomé a la ventana y encontré lo mismo de lo que siempre he renegado, pero lo vi ya con cierta nostalgia, como todas las cosas y lugares que me quedan por abandonar de aquí en adelante. Me imaginé pensando en un futuro lejano en los lugares que he habitado durante mi vida. Y recordaré éste como el primer departamento en el que viví sola, donde descubrí que nada es lo que parece, que la soledad estaba al mismo tiempo sobre y subvaluada. Cuco se me acercó; su complejo de gato -el mismo que le hace pensar que cabe en un regazo humano- lo obligó a recargarse en mi pierna. No sé qué hacer; no lo quiero dejar...
Ya comenzó a llover. El viento azota puertas y ventanas propias y ajenas. La luz va y viene. El relámpago. Es como si todo quisiera despedirse. Es tan dulce. ¿Por qué hasta ahora?, ¿por qué cuando me tengo que ir?, ¿por qué ahora que han logrado que me quiera ir? Está bien. Debo agradecerlo en vez de cuestionarlo. Por una vez en la vida, debo agradecer en vez de destruir.
P.

martes, junio 20, 2006

Jarmusch: Down by law

Listen and repeat... several times:

I scream,
you scream,
we all scream...
for ice cream!!


P.

Síndrome del cinismo postdesilutorio

Hay algo peor que la secuencia "escepticismo-convencimiento-confianza-traición"? La sensación de "haberlo sabido todo el tiempo" es detestable, sobre todo cuando terminamos genuinamente sorprendidos y no queda más que tragarnos un "me lo dije". Cuántas cosas no son absolutamente predecibles, cuántas sólo son bombas de tiempo esperando el segundo preciso de estallar. Son tiempos dirarréicos, de destapar las cloacas, de hacer pasar a la bestia...
Ahora debo confesar mi estupidez: yo creí en la entereza moral y en la transparencia y blindaje electorero de la Progresa. Y me equivoqué. Me queda el consuelo de que el atole que nos han estado dando con el dedo todos estos años era de canela, mi favorito.

Benditos los que pudieron largarse a Alemania creyendo que pasarían a octavos y se han perdido algunas semanas de periodicazos y entrevistas y spots y declaraciones y contradeclaraciones y pendones y ¡llamadas telefónicas! y mierda y más mierda electorera (claro, los fraudearon con los boletos, pero lo bailado quién se los quita). Bueno, de cualquier forma no creo que estuviesen muy pendientes de "la realidad nacional", que parece más thriller que otra cosa. Como bien diría el Presichente, bienaventurados los que no se enteran de nada, que de ellos será el reino de los cielos (si no, el prozac parece ser bastante efectivo también).

Salud! Por Oportunidades!
(o sea, sí, dice La jornada que lo dijo el PRD. Es decir, debe leerse con triple reserva, pero no es la única fuente; no sería la primera vez y seguramente tampoco la última. Qué pinche y triste asco...).

lunes, junio 12, 2006

13:36 y todo silencio

Cómo sería si no pudiéramos hablar, si no tuviéramos sonido. Justo ahora veo a dos personas, madre e hija quizá, que se comunican a señas. Se ven hermosas en silencio, moviendo las manos como si fueran mariposas; es paradójico, pero me parecen música.
Abren la boca, parece que articulan las palabras obedeciendo a una fonética latente pero nunca manifiesta. Con sólo mirarlas no puedo saber a quién pertenece la condición y quién ha tenido que adaptarse a ella. Podría ser cualquiera de las dos. Parece que se entienden muy bien.
Una toma una malteada; ambas comen pay de elote. Diría, no sin algo de mofa mediocre, que ambas tienen la boca ocupada. Pero nada de esto impide que se comuniquen; lo hacen todo el tiempo. El único requisito es tener la mirada atenta a cualquier gesto que la otra sugiera. Parecen divertidas. Tal vez hablan de quienes nos encontramos alrededor. Es una gran ventaja no ser escuchadas. Aunque no dejan de ser blanco de miradas de varios que nada entendemos, no corren peligro de ser descifradas. Tienen que hacer muchos gestos también, la mayoría parecen un poco grotescos, sobreactuados. Pero los movimientos de las manos son tan rápidos y, al mismo tiempo, tan sutiles, que parece difícil que alcancen a entenderlos, que puedan diferenciar uno de otro. Lo mío es pura ignorancia. Seguro que hay un método y lo único que pasa es que no lo conozco. Tal vez hasta yo podría aprenderlo y, por fin, callar. Nadie me lo cree, estoy segura, pero qué pereza hablar algunas veces, sobre todo cuando tengo que hablar para demostrar la abulia que me provoca hablar.

Cómo sería si tú y yo perdiéramos la voz y no tuviéramos más lenguaje que las manos y sus posibilidades. Tendríamos que mirarnos a los ojos todo el tiempo. Sería mucho más sencillo ignorarnos, tal vez. Pero mucho más violento también. Uno tendría que correr a buscar la mirada del otro cuando quisiera decirle algo, plantársele de frente y decirle “¡escúchame!” sin decirlo. Qué difícil es decir cosas sin decirlas. Hay quien piensa que en eso consiste la acción.

Se han ido. Irán al cine? Seguramente son la mejor compañía para una película. También para el teatro, el sueño, la lectura, una visita a un museo, la contemplación y cualquier otra actividad que requiera del silencio.

Si algún día yo me voy y me pierdo para siempre, si no vuelvo a ver ser humano alguno, a nadie que comparta mi lenguaje; si un día yo me voy con todo lo que soy y lo que he sido, a algún lugar donde no escuche vocablo, familiar o no, será posible que después de mucho tiempo de escuchar palabras sólo en mis pensamientos, éstas empiecen a desdibujarse y yo comience a configurar mis ideas de otra forma, con signos tal vez. ¿Será posible prescindir de las palabras y pensar en silencios?

P.

domingo, junio 11, 2006

Sanborns todavía puede deparar sorpresas

Así que de ahí me viene. Ya decía yo que hacer justo lo que me decían que no hiciera era algo mucho menos social que la rebeldía: es genético. Y viene de mi padre. Por fin!! Un culpable!!
Vamos reconstruyendo la sorpresa. El primer descubrimiento del día fue que no hay nada mejor que la mañana siguiente para dejar un día atrás. Obviedad aparte, es cierto. Lo recomiendo ampliamente. Es más, una mañana siguiente puede acabar, incluso, con una vida entera. Cuando me lo contaron no lo creía pero hoy me parece posible.
Ahora me doy cuenta de que elegir este lugar en vez del que acostumbro normalmente no fue gratuito. Sin presentirlo, andaba en busca de la familiaridad que sólo aquí se puede encontrar; quería certezas y las tengo. Aquí no me sorprenderá el escaso sabor de las cosas ni la atención dispersa de las meseras ni la aguadez del café. Llegué aquí preguntándome. Quería recuerdos. Estoy en un Sanborns, dónde más.
El partido de México en sendas televisiones, las estancias repletas, yo en la terraza. Ordeno yoghurt con fruta, me traen la fruta, la granola y la miel pero, qué caray, no el yoghurt. El incidente ha servido para que la mesera y yo ríamos y rompamos el hielo evidente con el que iniciamos la mañana desde el saludo. Abro la computadora, pirateo la señal. Entro a internet.
Hay un montón de niños chiquitos y no tanto. Los primeros corren por todos lados; los segundos querrían hacerlo pero ya no los dejan. Me llama la atención la cantidad de niños aparentemente menores de cinco años tremendamente gorditos. Ya se sabe que me gustan mucho, que me provocan unas ganas impresionantes de estrujarlos, que me parecen mucho más afables que los esmirriados, pero no por ello consiento que crezcan así. Y luego, oteando un poco más entre los que no dejan correr, encuentro cuatro niños con algún tipo de discapacidad mental -recordemos que se trata de dominguito familiar en Sanborns: hay que sacar a la familia a orear. ¿De qué depende que algunas cosas pasen? En serio, ¿por qué unos y no otros?
Abro el correo. Y entonces entiendo. Ok. Cuando escribí aquel post y lo anuncié sabía que esto podía llegar a ocurrir en algún momento, seguramente hasta lo esperaba, pero ahora que pasa me siento abrumada, incapaz de reaccionar del modo esperado. Soy y somos, se sabe, [11:27 Goooooooooooooolllllllllllll de México: sí se siente chingón!!!! cómo no!!! A ver si Irán no cambia de objetivo en la mira nuclear] una maraña de contradicciones; a mí no se me puede pedir congruencia en todo momento. Perdón. Pero no.
Si fluyo entre el querer y no, es porque estoy acostumbrada a hacer cosas dirigidas hacia otros pero orientadas sólo a mí. Tengo el mal hábito de callarme lo que debería decir y hablar sobre lo que debería guardar silencio. Las Palabras Ajenas son generalmente las que van dirigidas a personas concretas pero de oídos abstractos. Las Palabras Ajenas se leen en auditorios vacíos. Ése es mi público, el que no se entera. Y, por lo tanto, las Palabras Ajenas no provocan reacciones y, de hacerlo, yo no las conozco.
Y ahora estamos aquí, reaccionando abiertamente. aprendiendo a asumir -¡qué difícil, carajo!- que lo que hacemos, decimos, escribimos, a veces -sólo a veces- encuentra eco en otros, otros muy nuestros. De repente las puertas de mi solitario auditorio se abrieron y entraron los secretamente convocados.
Ésta, definitivamente, ha sido una provocación certera, una muy feliz, de las que unen. Gracias por tan lindo regalo, con forma de estrella.
P.

viernes, junio 09, 2006

Mi epitafio




"Lo tenía todo muy claro,
pero nunca hizo nada al respecto"
P.

domingo, junio 04, 2006

Entre el 3 y el 4 de junio

La mañana está hermosa. Como para no tener gripa, ponerse linda y salir a tomar dos cafés sin mayor intención que disfrutar la parsimonia del domingo, el cielo nublado, el viento leve y la ligerísima neblina que flota entre árboles. Sin mayor premura ni deber que la contemplación; dedicar el tiempo a cultivar las fantasías, los planes futuros, la esperanza.
La casa está en silencio, casi deja escuchar una lluvia que aún no comienza a caer. Yo tuve un sueño.
...
Sueño que busco casa. Me mudo, al parecer, con todas mis cosas y mis afectos. Estoy en una ciudad extraña; soy muy feliz. Hasta aquí las referencias son, además de obvias, exactas.
Visito una casa que me fascina. No tengo el recuerdo de los espacios, pero sí de la sensación de un hallazgo maravilloso. Se trata de una casa al interior de lo que pareciera una suerte de "condominio campestre" en medio de la ciudad. Es blanca, hay jardin y plantas por todas partes, adoquin, tejas, barro, madera. A pesar de encontrarse demasiado cerca de otras viviendas, no hay nadie alrededor. El silencio es muy agradable.
Recorro primero la zona; camino por calles llenas de vegetación y sombra. Sonrío todo el tiempo. Sólo me incomoda la presencia de un auto que da vueltas alrededor de la manzana por la que camino. El conductor me mira. Doy una vuelta imprevista y termino en una plaza inmensa, repleta de todo tipo de comercios apostados unos juntos a otros. Es un tianguis donde predominan los puestos de frutas con chile; he visto varios de estos, extrañamente buscando coco -no me gusta tanto, en realidad-, y sólo uno donde se vendía algo diferente: una especie de canastillas de mimbre que guardaban pequeños frascos de vidrio con fragancias y soluciones exóticas, jabones de ingredientes extraños que se antojaban más para morderlos que para frotarse con ellos.
Vuelvo -como uno suele volver en los sueños- a la casa. Quiero entrar, no tengo llaves. Intento abrir la puerta de vidrio de la parte trasera. No puedo. Tengo que llamar al dueño para pedirle que, a través de un control remoto que seguramente él tiene, me abra. Llamo, resulta que es tu "empleador", un hombre sumamente alegre, amable y expresivo. Le digo dudando que soy tu esposa -en el sueño sé que miento pero también que eso me facilitará no dar demasiadas explicaciones-; me felicita, dice que eres un gran hombre. Yo pienso entonces que lo sé, que es una verdadera pena que no funcione.
De pronto, es momento de desempacar mis cosas. Ya estoy ahí, el espacio me pertenece. Abro una caja y encuentro cd's. Resulta que tengo uno del "banano". Se llama "Disco Cotidiano". Cacofonía aparte, el nombre me parece bueno; me habla de una compañía diaria, de una música habitual con la que podría vivir todos mis días. La portada es rojo quemado, sin más diseño que unas grecas blancas y negras. Abro el librillo y veo que lo dedica a Damiana. Sé quién es ella; me parece natural que le dedique el fruto de su esfuerzo.
Un ruido hueco, seco, termina con todo. Surgió en la segunda planta. Sin verlo, sin saber qué hace ahí ni a quién pertenece pero con la certeza de que me costará la vida, sé que acaba de caer un contrabajo.
El sueño termina aquí.
P.

sábado, junio 03, 2006

The living road

Definitivamente, hay música que no debe escucharse cuando se está en el "mood" correcto para hacerlo. Lhasa dice:


"Je me sens coupable
parce que j'ai l'habitude;
c'est la seule chose
que je peux [sais] faire
avec une certaine certitude..."


...

"...How can you hate such a small song? / If I was right / I would be wrong / Don't be afraid / It's just a small song..."
...

"I need you now

not someday
when I'm ready..."

Lhasa sabe.

P.

jueves, junio 01, 2006

Nostalgia express

Hace algunas horas dije algo así como "...este lugar ya no da para más". Me fui de ahí, donde sea que esto fuese. Pero a veces algunas palabras, acomodadas de cierto modo reverberan. Y así pasó. Pensé entonces que no sabía a qué me refería con exactitud. Podrían ser tantas cosas, tantos lugares que no dan para más; tantos espacios cuyas posibilidades he agotado. ¿Lo volví a hacer?, ¿sucedió de nuevo? ¿O serán mis posibilidades las que se agotan y no las de lo que me rodea?
Pero no. En realidad la vida da para mucho más. Da para encontrarse y perderse a una velocidad impresionante. Y esta velocidad confunde, hace que uno piense que perdió lo que nunca tuvo. Crea vacío en la nada. Se puede ser y dejar de ser tan pronto que la nostalgia se siente tan absurda que es casi feliz.
Y entonces no queda más que dejar ir y tener paciencia. Dos asuntos para los que defintivamente no fui educada, si es que se trata de una lección que se debe aprender y no de una actitud o habilidad con la que se nace o no: el don de perder.
P.