Cuando lo escuché no lo creía, me parecía una posibilidad absurda, ofensiva, pero he ido entendiendo poco a poco la preferencia de la furia sobre la tristeza. La primera es un impulso de vida; creo que el odio lo es. La segunda tiene orientación de muerte, por lo inmóvil, por lo sorda, por lo hueca, por lo negra. La rabia, por su espuma quizás, es húmeda, inquieta, reptante, curiosa, alerta.
Comienzo a creer que el desprecio, como el amor, construye mientras la tristeza contempla quieta cómo se acerca una muerte que no quiere ver llegar, pero no se atreve a detener. Me la imagino frente a un espejo por todas las horas del mundo, fascinada por el espectáculo de su propio llanto, perfeccionándolo.
Lo malo es que el enojo no excluye a la tristeza, sólo la posterga indefinidamente, mientras se van agotando (Puga dixit) las posibilidades del odio.
P.
Comienzo a creer que el desprecio, como el amor, construye mientras la tristeza contempla quieta cómo se acerca una muerte que no quiere ver llegar, pero no se atreve a detener. Me la imagino frente a un espejo por todas las horas del mundo, fascinada por el espectáculo de su propio llanto, perfeccionándolo.
Lo malo es que el enojo no excluye a la tristeza, sólo la posterga indefinidamente, mientras se van agotando (Puga dixit) las posibilidades del odio.
P.