Este es un pedazo de historia, de ésas que a veces -casi siempre- olvido, unas porque quiero, otras porque puedo. Después de "reportarlo" sentí que le debía algo al lugar, como seguramente se lo debo a tantos otros -hola Caori... A veces te sueño. La cosa es que Paredón para mí no existía, como tantos otros lugares que aún no conozco y no resuenan en el mapa. Más o menos, a esto me dedico.
"Desde hace tres años –tiempo que lleva viviendo con sus padres- Raquel trabaja en empleo bastante peculiar. Paredón es un lugar reconocido en la región no sólo por haber sido el punto de transborde de los ferrocarriles hace años, ni por las célebres batallas que Pancho Villa libró en la comunidad –donde todavía pueden encontrarse casquillos de diversos calibres que encajan con los orificios de algunos muros viejos-; también es famoso porque en él reside una niña de unos doce años que –dicen- tiene la habilidad de curar cualquier tipo de padecimiento –desde un dolor de cabeza hasta cáncer, pasando por uñas enterradas y mal de ojo- con el poder de los espíritus que la poseen cuando entra en trance curativo. De hecho, hay quien afirma que la niña es la reencarnación del Niño Fidencio, un santo de la región que curaba a la gente y, después de su muerte hace ya más de cien años, se sigue haciendo presente en otras personas.
Así, la niña es visitada cada lunes y viernes no sólo por gente de la comunidad, sino por personas que vienen de Saltillo, Monterrey, Mexicali, y otros estados de la república hasta donde su fama se ha extendido. Quienes la rodean aseguran que entre sus clientes se encuentran varios personajes de la farándula a quienes ha hecho el milagro de curarlos a través de oraciones e, incluso, cirugías espirituales. Como prueba de ello, la banda El Limón, en agradecimiento, ha prometido amenizar el baile de los quince años de la joven médico... o santa.
Cada lunes y viernes, entonces, Paredón se llena de gente extraña y con alguna dolencia. Llegan incluso camiones foráneos con pasajeros que se han organizado para “ir a ver a la niña que cura”.[1] Los habitantes de la comunidad no dejan pasar la oportunidad y se desata un movimiento comercial importante, sobre todo de alimentos, bebidas, recuerdos, alquiler de fosas sépticas, etc. La niña no cobra, pero sí recibe los obsequios –monetarios o en especie- de quienes, agradecidos, desean retribuir con algo el milagro.
La casa donde la niña vive y trabaja –la de sus abuelos- luce repleta de personas en espera que deben ser organizadas por turnos y a quienes se les tiene que hacer preguntas básicas sobre el padecimiento que les aqueja. Aquí es donde Raquel se vuelve imprescindible. Es ella quien entrega las fichas, organiza a la gente, asiste a la niña durante las curaciones y además está atenta a surtir el material necesario para las mismas, ya sean ajos, pencas de maguey, pomadas, listones de colores, huevos, piedras, hierbas, mirras, lociones, velas, imágenes religiosas..."
Así, la niña es visitada cada lunes y viernes no sólo por gente de la comunidad, sino por personas que vienen de Saltillo, Monterrey, Mexicali, y otros estados de la república hasta donde su fama se ha extendido. Quienes la rodean aseguran que entre sus clientes se encuentran varios personajes de la farándula a quienes ha hecho el milagro de curarlos a través de oraciones e, incluso, cirugías espirituales. Como prueba de ello, la banda El Limón, en agradecimiento, ha prometido amenizar el baile de los quince años de la joven médico... o santa.
Cada lunes y viernes, entonces, Paredón se llena de gente extraña y con alguna dolencia. Llegan incluso camiones foráneos con pasajeros que se han organizado para “ir a ver a la niña que cura”.[1] Los habitantes de la comunidad no dejan pasar la oportunidad y se desata un movimiento comercial importante, sobre todo de alimentos, bebidas, recuerdos, alquiler de fosas sépticas, etc. La niña no cobra, pero sí recibe los obsequios –monetarios o en especie- de quienes, agradecidos, desean retribuir con algo el milagro.
La casa donde la niña vive y trabaja –la de sus abuelos- luce repleta de personas en espera que deben ser organizadas por turnos y a quienes se les tiene que hacer preguntas básicas sobre el padecimiento que les aqueja. Aquí es donde Raquel se vuelve imprescindible. Es ella quien entrega las fichas, organiza a la gente, asiste a la niña durante las curaciones y además está atenta a surtir el material necesario para las mismas, ya sean ajos, pencas de maguey, pomadas, listones de colores, huevos, piedras, hierbas, mirras, lociones, velas, imágenes religiosas..."
[1] Pocos saben que se llama Adriana, no va a la escuela desde que descubrió sus poderes y, cuando no trabaja, se dedica a ver tele y jugar con niñas y niños de su edad; le gustan los bailes y no recuerda nada de lo que hace mientras cura a la gente.
